Oh témpore...

Por: José "Chery" Noriega

Septiembre 3, 2010

Aquellas fiestas del Agua Prieta del ayer

Espero que aquellos lectores que creo tener de esta para mí gustada columna, sepan comprender que en ciertas ocasiones el estado anímico dentro del cual nos encontramos, es factor determinante en borrar recuerdos de aquellos bonitos años de nuestra juventud, cuando éramos poseedores de una mente lúcida, misma que al paso del tiempo se va opacando, sin embargo seguimos adelante dando a conocer aquellos tiempos del Agua Prieta del ayer convencidos de que el recordar es volver a vivir y para ello en esta ocasión me remontaré a principios de los años 50's, cuando quien esto escribe trabajaba de mesero en aquel inolvidable centro social conocido como Casino de Agua Prieta, que se ubicaba contra esquina del Café Yolanda, un centro social dentro del cual se celebraban alegres y rumbosos bailes organizados por aguapretenses, mismos que constituían al parecer una sola familia, entre los que recordamos al doctor Balaguer y a su respetable esposa Alicia Basett de Balaguer; a los hermanos Ruiz Elías, José, Tachi, Guillermo y Alfonso y sus respectivas esposas; los Villaescusa, Valenzuela, Prieto Meza, Terán Meza, Durazo Terán, don Gustavo Caballero y esposa “Tota”, Rubén Vásquez y esposa Gloria, Luis Córdova y esposa, Luis Terán y esposa, José María Montaño y esposa, Demetrio Montaño y esposa, Carlos Munguía Rodríguez, “Gordo” Ortiz y esposa, Familia Rivera Esquer, Antonio B. Loreto y esposa, esposa e hijos de Bernardino Ibarrola, esposa e hijos de Vicente Terán Terán, Baudelio Vildósola y esposa, Fernando Vildósola y esposa, Jaime Gálvez y esposa, los hijos de Tomás Enrique León y esposa, entre otras connotadas familias de la localidad que escapan a mi memoria y por ello pido se me disculpe.

Así pues, cabe recordar que dicho edificio desapareció a causa de un incendio provocado por cierta persona, cuyo nombre omito porque el mismo ya descansa bajo la sombra del Señor, por ello pasaré a identificar a quienes posaron en la presente foto, por lo que en forma anticipada ruego me disculpen si omito a quienes por las razones antes expuestas no alcanzo a recordar.

Con el número 1 identificamos a don Alejandro Elías Cass, distinguido hombre de negocios que como todos sabemos era familiar de don Plutarco Elías Calles, al igual que don José, Tachi, Guillermo y Alfonso Ruiz Elías. 

En el No. 2 vemos a quien fuera mi maestro allá por los años 30's Francisco Romero Rábago, de quien guardo un cúmulo de recuerdos, mismo al que jamás lo he recordado en forma negativa, cito tal por el hecho de que en aquellos años cuando por decreto presidencial de don Plutarco Elías Calles, se ordenó el cierre en forma definitiva de todos los templos e iglesias de las religiones catolica y protestante, por lo cual los mismos fueron acondicionados como aulas escolares, por lo que a la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe se asignó el cuarto grado, mismo que yo cursaba y del cual era nuestro maestro el citado profesor Romero Rábago, el cual porque quizás en aquellos años yo todavía no me componía, con la más que buena intención de corregirme, por decir casi todos los días de la semana, a excepción del domingo que no había clases, me acomodaba tremendas cachetadas y nó guajoloteras, sino entre ceja y ceja y parte del tragadero, lo que claro le favorecía el que por saber mis hermanos mayores de que pie cojeaba el niño José Noriega Durazo, ellos no me defendían.

Años después, si la memoria no me falla, el citado maestro fue electo diputado, por lo cual pasó a residir a Hermosillo y desde entonces le perdí la huella.

En el No. 3 aparece un señor que se llamaba J. F. Durazo, con residencia en Douglas, Arizona, de quien sólo recuerdo venía siendo tío de la esposa de Gustavo Terán Terán.

En el No. 4 posó el Sr. José Aragón, a quien todos conocíamos como Pepe, quien si mi memoria no me falla venía siendo tío de Tomás Enrique “Chito” León, padre de la señora Maruca León, esposa de Bernardino Meza Ortiz, quien fue presidente municipal de 1985 a 1988, y después pasó a residir al Distrito Federal.

Con el No. 5 identificamos a don Alfredo Villaescusa, una persona que desde su arribo a esta ciudad en compañía de su esposa doña Mercedes, allá por el año de 1940, residía en la avenida Panamericana, entre calles 7 y 8.

Don Alfredo venía fungiendo como gerente del Banco Ganadero que se ubicaba en la avenida Panamericana y calle 3, contra esquina de Bancomer, siendo en aquellos años el que ostentar el nombramiento de gerente de tal o cual banco mareaba a ciertas personas, a excepción de don Alfredo, por ser una persona de carácter sumamente amable y accesible con todos los que a él se dirigían, por lo cual se ganó el afecto de quienes tuvimos la suerte y el gusto de conocerlo, por lo que dada su edad fue presa de cierto mal que lo obligó a convalecer en compañía de su esposa dentro de su hogar, por lo que muchas de sus amistades ahí acudían a visitarle.

En el No. 6 posó el señor Alberto Soto, persona ampliamente conocida dada su profesión de contador público, cuya oficina se dejó ver por espacio de muchos años en los altos del Hotel Moderno y bien recuerdo el que por aquellos años del arribo a esta ciudad del amigo de todos en general, Juan José Negrete, fue en la oficina de Soto donde dio inicio a sus primeras conexiones correspondientes a su profesión.

Don Alberto fue padre de Alberto y Ana Luisa, siendo el primero quien dejó de existir en lamentable accidente ocurrido en Tijuana, Baja California y Ana Luisa contrajo matrimonio con el Lic. Jorge Martínez Calderón, quienes después se fueron a residir a Hermosillo.

Don Alberto era hermano de don Ignacio Soto, quien a principios de los 50's fue gobernador del Estado de Sonora.

En el No. 7 se deja ver don Raúl Corella, quien por muchos años residió en esta ciudad, todo un destacado hombre de negocios entre ellos aquella firma comercial en materiales de construcción, cuya razón social era Corella y Compañía, ubicada en la calle 6 avenida 2, donde hoy se encuentra un tianguis. Bien recuerdo que en el citado centro ferretero laboraban estimadas personas amigas como Ernesto Ayala Brown, Jovita Ayala Brown, José María “Chémali” Montaño, Luis Córdova, Panchón Moreno, Jaimito Gálvez Tapia y un señor de apellido Medina cuyo nombre no recuerdo, pero que vino siendo suegro del popular Panchón López.

Don Raúl era el único productor y distribuidor del material de construcción conocido como “Muro-Plast”. Pero como siempre suele pasar cuando acontece, por esta ocasión me pusieron la luz roja dejándome espacio sólo para exhalar profundo suspiro y musitar un ¡¡Oh Témpore, Oh Témpore…!!.

Oh témpore...

Por: José "Chery" Noriega

Agosto 27, 2010

 

Hoy concluimos con el emotivo relato de las inolvidables fiestas regionales de los pueblos de Bacerac y Bavispe, a las cuales quien esto escribe acudía a instalar un puesto de venta de cerveza en la plaza principal donde se llevaba a cabo el festejo y por aparte me hacía acompañar de un grupo de deportistas que protagonizaban reñidos encuentros de beisbol y las no menos apasionantes peleas de box que divertían a chicos y grandes, y precisamente la semana pasada el “fabianesco” Omar me puso la luz roja en el momento en que les iba a platicar cuando estaba en mi puesto de venta de cheve Tecate, haciendo valer la Ley de Emborrachamientos Humanos hizo acto de presencia el por entonces codiciado por más de cuatro chamaconas el ojiverde “Chale” Swanson mismo que por belicoso no se dejaba curar parado, siendo cuando un jovenazo se le acercó como queriendo pelear, mister Swanson le dijo al tiempo que levantaba la cheve: “La madre me romperás, pero la guardia nunca” y ¡¡booolas!! en menos de lo que lo contamos le acomodó a su sayo un sonoro puñetazo entre ceja y ceja y parte del tragadero, para cuando éste se levantó al tiempo que le decía: “Si quieres más, búscame en el directorio telefónico..!!”, y hasta no verte Jesús mío...

Asimismo, tal y como se los he venido narrando, el que para allegarnos clientela aparte de peleas callejeras organizábamos otros juegos, tales como cuando mandábamos cocinar dos órdenes de enchiladas y para ello pedía que las hicieran bien bravas o sea enchilosas a más no poder, para una vez que nos las trajeron las pusimos sobre la mesa al mismo tiempo que ofrecimos 2 cartones de cheve para dos chavalones, a quienes los acomodábamos sentados en una banca junto a la mesa y les amarrábamos las manos hacia atrás, para así al no poder con la pala le entraban con el pico, es decir tenían que comerse la orden de enchiladas sin meter las manos y dado que estaban enchilosísimas, para mitigarles la enchilada les poníamos una botella de cerveza la que ambos dos se empinaban cogiéndolas con la boca, por lo que al colocarla de nuevo devolvían parte del buchi o trago, mitad cheve que no se habían podido tragar revuelta con babas y rastrojo de enchiladas, por lo que pa' más que pronto la botella se dejaba ver llena hasta arriba, por lo tanto quienes presenciaban tan “bonito” acto se divertían a lo lindo y por lo regular quienes competían lo venían siendo los jovenazos conocidos como “El Camicha” y el peleonero “Güico”.

Así como este detalle pasaron otros más, dado el que por no aguantar a la tremenda pelusa que llevaba, pues quien los conoció por aquellos años ya se imaginarán la clase de “angelitos” con los que trataba, tan así que en par de restaurantes que ahí había nos corrieron, por lo que tú lector lica, pica y califica si merecíamos algo más cuando al estar hospedados en el Hotel Samaniego, un día de tantos el encargado del mismo fue a reclamarme el porqué había permitido el que por fuera del cuarto que ocupaban “El Chatito” López, Conrado “El Zamarripa” Salazar y “Lulú” Baltiérrez, ahí en la mera banqueta se dejaba lucir en todo su esplendor una majada de excremento poco más grande que una buñiga de vaca, digo así por no decir mierda o cagada, dado el que ciertos lectores mojigatos que hablan el mismo idioma que yo peguen el grito en el cielo.

Así pues dicho montón más que familiar, así a simple vista fácil podría llenar un galón o bien su peso se calculaba en unos 5 o 6 kilos, por lo que el encargado ya encabronado quería obligarme a que yo lo levantara ya que era el inmediato responsable debido a que uno de mis “muchachitos” había sido el autor, por lo que es fácil comprender que me negué, por lo que un tanto encabronado toqué la puerta del cuarto para reclamarles al “Chato”, al Conrado y al “Lulú” el por qué habían cagado así, a lo que claro y con sobrada razón se negaron, alegando que por ser boxeadores de peso Gallo de 118 libras es lógico pensar que dentro de su estómago no podía caber tal “mercancía” de 5 o 6 kilos, por lo que al reflexionar de volada me dije: “Éste cabrón cagón no pudo haber sido otro más que “El Chapanís” Valenzuela”, que por entonces pesaba poco más que 100 kilos, por lo que de volada me dejé ir al cuarto que ocupaba en compañía del “Indio Gerónimo”, Antonio “El Pecas” Galindo y mi cuñado Tony Careaga y vaya que por suerte me tocó que abriera la puerta el cabrón “Chapa” y pa' más que pronto le reclamé su chingadera, por lo que a éste le ganó la risa y aceptó ser el autor, diciendo a la vez que era una broma “inocente”...

Total que ya al dar fin los más que alegres festejos y tener que regresarme a Agua Prieta, a punto de encaramarme a la troka se escuchó el ruido de una avioneta de las que se hacían llamar taxis aéreos, la cual al parecer procedía de Agua Prieta, por lo que por curiosidad decidimos esperar para ver quien viajaba en ella y después que aterrizó nos dimos cuenta que era únicamente el piloto, mismo que nos hizo saber había acudido al llamado de un próspero ganadero a quien mejor se le conocía con el remoquete de “El Sordo”, del cual no recuerdo bien si su apellido era Montaño, todo con el fin de que llevara a su esposa a que fuera atendida de cierta enfermedad, por lo que pa' más que pronto me dije” “Si no es ahora, pos cuándo tendré la oportunidad de pasearme en avión”, y para acabarlarla sería de barbas, dado que Trahín por ser mi amigo así lo había aceptado, por lo que estando todo listo y a la voz de ya e imitando a los perritos americanos, de un brinco me encaramé en primera fila, es decir a un lado del piloto y ya todo listo agarramos pa'rriba, por lo que al ser la primera ocasión que me tocaba volar, al levantar el avión sentí como un algo que se me subía hasta la garganta y claro es fácil suponer que el miedo no anda en burro y pa' acabalar el viaje, en mucho me alentó el que no bien nos encaramamos los primeros metros la señora esposa del “Sordo” Montaño, a quien le acompañaba una niña de unos 8 o 9 años, ambas comenzaron a rezar un rosario, estando los responsos a cargo de la niña y de verdad al escucharlas y voltear a ver al piloto le dije: “Bueno, si por aquello de las termópilas nos caemos, de perdida nos llevará pinchi bien auxiliados”.

Así pues, con ello doy punto final al narrar aquellas bellas y bien recordadas aventuras por aquellas comunidades de la Sierra, San Miguel, Bacerac y Bavispe, por lo que al terminar la presente me recuesto en el sillón y muy quedamente dejo escapar un prolongado ¡¡Oooh Téemporee..!!. 

Oh témpore...

Por José "Chery" Noriega

Agosto 20, 2010

Aquellas inolvidables fiestas de Bacerac y Bavispe

Prosigo con esta interesante historia de aquellos ya lejanos cuan inolvidables años 60's, cuando quien esto escribe acudía a las fiestas regionales de Bacerac y Bavispe a instalar un puesto de venta de cerveza en la plaza, a la vez que organizaba encuentros de beisbol y funciones de box, por lo cual volvemos a la foto del recuerdo y en el número 4 aparece un joven súper popular originario del mismo Bacerac, Manuel Angel Orantes Ramírez quien me servía de “dedo” para saber a quien podía fiarle la cheve y a quien no debía ni confiarle un solo vaso de agua porque hay que dejar bien en claro que en esta clase de festejos los meros meros ricachones del pueblo durante todos los días de chupe o de festejo es de puro “apúntale ahí”, para ya una vez terminado el fiesta ajustarles las cuentas, mismas que en varias ocasiones se les hacían bien largas, algo así como las cuentas de “El Barzón”, dado a que por tener mala memoria “El Pata de Oso” apuntaba todo lo fiado con el tenedor, costumbre que jamás pude quitarle ya que por ello me provocaba tremendas vergüenzas que me hacían ponerme coyoyayo, coyoyayo y a pesar de ello les hacíamos el pelo, barba y destronque a personajes tales como José Rascón (+), Andrés “Pilo” Gámez (+), “El Chale” y Roy Swanson, “Chamaco” Fuentes, asimismo en Bavispe a todos los Zozaya, los “Cochos” Samaniego, Conrado Durazo, Enrique Parra, Castro de San Miguel y otros que rezongaban a lo cabrón pero al fin pagaban.

Estos casos que me hacían ponerme coyoyayo de la vergüenza, se debe tomar en cuenta que nos veíamos más que forzados a ello para poder traernos unos 7 mil pesos libres de polvo y paja y que venían representando un más que regular capital, dado a que por aquellos años nuestra moneda valía y más cuando el salario mínimo variaba entre 10 y 12 pesos diarios, pero a nuestro favor debo hacer ver que colaboraba en el lucimiento de la fiesta por llevar con nosotros toda una caravana de jóvenes beisbolistas y boxeadores, para mediante su actuación, aparte de la pixteada, fueran sus respetables familias las que gozaran del espectáculo presentado, tomando en cuenta que el equipo de beisbol estaba integrado por aquellos peloteros que escribieron toda una historia dentro de la llamada época de oro del beisbol municipal de Agua Prieta participando en diferentes cuadros, a quienes en ocasiones abucheaban y otras aplaudían, entre ellos a los populares “Chimenea” Jiménez, Arnoldo Duarte, Tony Careaga, “Indio” Gerónimo, “Chapanís” Valenzuela, Antonio “Pecas” Galindo, y otros que por hoy escapan a la memoria, en tanto que nuestro “establo” de boxeadores estaba conformado por Jesse “Chatito” López, el mismo Ramón “Chapanís” Valenzuela, Conrado “Zamarripa” Salazar, Dolores “Lolo” Baltiérrez y Antonio “Pecas” Galindo, con quienes montaba emocionantes encuentros en los cuales quien esto escribe actuaba como réferi, haciendo conteos cortos o largos según convenía para acortar o alargar las peleas, todo esto con el doble fin de alborotar la gallera, para que así, dado el caso de que yo era el portador de la mexicana alegría, es fácil suponer el como nos iría.

Bien recuerdo aquel tremendo pleito en el que se enfrascaron “El Chapanís” Valenzuela, originario de Agua Prieta, que era programado a peleas de 10 rounds y “El Indio Gerónimo”, originario de Nogales, mismo que además militó con equipos de beisbol de la Costa y obviamente encabezando carteles de altura en arenas de box de Hermosillo y Ciudad Obregón en Sonora y Culiacán, Sinaloa, por lo que en ese aspecto era superior al “Chapa”, por ello al actuar como el tercer hombre sobre el ring, para en caso que nuestro peleador fuera derribado en los primeros rounds o en los intermedios, el conteo que se llevaba a cabo según convenía se dejaba sentir como de 10 segundos, pero como soy tartamudo ya te imaginarás caro lector.

Aparte de los citados deportes, no podía faltar el hacerme acompañar de los mejores jinetes de la región, tal como así los presentaba, destacando entre ellos Panchito” El Zapatero” Mendoza (+) y el no menos popular Guillermo Vásquez (+), mejor conocido como “El Tripa” o “Calzonzin”, de quien bien recuerdo que en aquellos días al andar hasta las chanclas y estando toda la tropa que habíamos acarreado presentando un emocionante jaripeo, donde en plena calle trataban de jinetear una yegua bien perra, no faltó quien ofreciera un cartón de cheve bien helodia para aquel que se horquetara y le aguantara sus endemoniados respingos, por lo cual pa' más que pronto encandilamos al “Tripa”, haciéndole ver el que por tener las patas bien zambas al igual que quien esto escribe, facilito se ganaría el cartón y vaya el que para ello no batallamos pues güevos eran los que le sobraban, así que a la voz de ya lo encaramamos sobre la pinche yegua y claro esta al grito de suéltenla salió como diablo pegando reparos a lo cabrón de un lado para otro y claro que el “Tripa” para no ser menos también como tejita pero por otro lado, salió como pedo de macho, volando, volando, para ir a estrellarse contra el vil suelo..!!.

Tampoco se me olvida cuando en cierta ocasión al estar dentro de la carpa anunciando por el sonido local el encuentro de box programado para otro día sólo que tal como pasa cuando sucede, no podía dejar de meter la pata el pinchi diablo, siendo cuando se acercó a mis “güesitos” un tejano por así decirlo todo por la forma de vestir, mismo que dijo llamarse “Chico” Durazo (Durazo tenía que ser), el cual me preguntó si me gustaría montar una real pelea de box, por lo que es lógico suponer que pa' más que pronto le contesté que si, a la vez que me dijera quienes eran los sayos, a lo que me contestó: “Te diré quienes son, con la condición de que no menciones mi nombre y anuncia que la pelea será a 10 rounds entre el terrible Enrique Parra contra el no menos aguerrido Miguel Ángel Díaz”, y claro lector, que tú por conocerme bien sabes que no me gusta el pedo, pa' más que pronto le subí todo el volumen al sonido y al grito abierto anunciaba la tremenda pelea a 10 rounds tal y como “El Chico” me había comunicado, pero que bah, pa' más que pronto dejé escapar un me quiero murrrirrr, todo dado a que llegó hasta la carpa un hombre de aspecto más que formal a quien no conocía, el cual me dijo: -

“No la chingues Chery, me vas a meter en un compromiso”, por lo que le pregunté el por qué, para luego cuestionarme: “¿Sabes a quienes estás anunciando para la pelea estrella en tu función de hoy?”, a lo que le contesté: “Pos no, ¿pero qué clase de culebras pueden ser?”, por lo que me dijo: “Mira Chery, yo soy Miguel Ángel Díaz, recaudador de rentas del Estado o sea un segundo agente fiscal y por otro lado, a quien anuncias como mi contrincante, Enrique Parra, es el presidente municipal…”.

Aayy mamachita, me quise murrir, pero gracias a Dios que las citadas personas eran poseedoras de amplio criterio y comprendieron que todo era una broma de mal gusto la que se les hacía y el asunto no pasó a mayores.

Asimismo y debido a que el anunciar en tal forma los encuentros de box que presentaríamos y tal como dice el dicho, de ver dan ganas, ahí en el puesto de cheve se entabló una brava alegata entre un aguerrido joven del mismo Bavispe al que se le conocìa como “El Güico”, quien discutía con otro joven de apellido Zozaya cuyo nombre no recuerdo y al que le llamaban “Kiko”, por lo que a mi poco ver y escaso entender, quizás discutían por tener apodos con la misma terminación, por lo cual para calmarlos les sugerí que tuvieran un arreglo amistoso a chingazos, lo que más que pronto aceptaron y claro que con la misma rapidez les encasqueté los guantes de box y los anuncié y con la voz imité el sonido de la campana anunciando el zafarrancho y juímonos recio, pero dado a que el “Güico” era chavo peleonero a más no poder, en un dos por tres le acomodó una santa chinga a su adversario, mismo que aparte de ser un chavo pacífico, andaba como “El Tiburón” Only-bares, hasta la aleta.

Por hoy ya me pusieron la luz roja, por lo que sólo me queda invitarlos a que me sigan leyendo la próxima y dejar escapar un ¡¡OOOH TÉEEEMPOREEEE….!!.