Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Febrero 17, 2012
AQUEL EQUIPO DE LORETO Y COMPAÑÍA (LYCSA)
Cray a decir verdad el hecho de publicar una foto que data de 1965 invita a exhalar profundo suspiro y a la vez dejar escapar un Oh Témpore, al ver que en la misma posaron jóvenes de aquel entonces, quienes por hoy comienzan a navegar dentro de la segunda y tercera edad, aguapretenses que en un mañana no tan lejano vendrán a suplir a quienes pertenecimos a la llamada vieja guardia, ellos actualmente respetables esposos, padres y a la vez cariñosos abuelos, siendo en este caso sus nietos quienes se solazarán al mirar a sus queridos “tatas”, quienes por aquellos años eran asiduos amantes del deporte, seña inequívoca de que ello los mantenía alejados de los vicios, para así un mañana tal como ellos pensaban al dirigirse a sus hijos y nietos para aconsejarlos u orientarlos sobre lo bueno y lo malo de la vida, poder predicar con el ejemplo.
La presente foto data de cuando los entonces jóvenes militaban con el equipo Loreto y Compañía (Lycsa), patrocinado por Antonio “Chichí” Loreto y tal como me lo hicieron saber el manejador lo era José María “Chémali” Montaño, quien no aparece en dicha foto y quien por aquellos años se venía desempeñando como gerente de la mencionada compañía ferretera.
Así pues, ya encarrerados como el ratón, empezaremos con quien aparece en el número 1, quien viene siendo el atento y cordial amigo Cayetano Cornejo, quien por esos años se desempeñaba como contador en el entonces y hoy desaparecido Banco de Nogales, que se ubicaba en calle 2 avenida Panamericana, cuyo gerente lo era el Sr. Saúl Talancón y el subgerente Sr. Guillermo Urquídez, siendo años después que Cornejo ascendió a gerente y cuando la citada institución cambió de razón social, él fue jubilado por sus años de servicio, para así pasar a desempeñarse como subgerente de la Refaccionaria TKT, razón social que le fue impuesta por su propietario Rogelio Martínez Jr., en memoria de quien fuera todo un hombre de bien, Rogelio “El Tecate” Martínez Orantes.
Volviendo al punto de partida, recuerdo que por aquel entonces Cayetano ocupaba la posición de short stop o parador en corto dentro del mencionado equipo y primer bateador en el orden al bat ya que tenía la habilidad para embasarse por pegar hit o saber esperar el conteo para pisar la primera almohadilla mediante la base por bolas.
En el número 2 podremos exclamar más de cuatro, “nada pescadito”, al dar a saber que quien posó en el citado número lo viene siendo el siempre cordial amigo Aurelio Solís Abril, mejor conocido con el remoquete de “El Frijolito”, mismo que le fue encasquetado en el año de 1950, cuando en la cancha de la escuela Josefa Ortiz de Domínguez se llevó a cabo el Campeonato Estatal de Básquetbol en el cual participaron Ciudad Obregón, Guaymas, Hermosillo, Cananea, Agua Prieta y Nogales, siendo en este equipo por entonces campeón, militaban Miguel Sotelo, asimismo “El Natas” García fungiendo como novato, pero caray que novatito, quien se llevó las palmas de los asistentes contendiendo ya en la etapa final o sea que de un triunfo pendía el campeonato, enfrentándose a nuestro equipo Vanguardia, que finalmente ganó dicho torneo en el cual alineaban Oscar y Héctor Rivera Esquer, José Manuel y “Chico” Quijada, Paulino Prieto, Humberto Machado y otros que por hoy escapan a la memoria, contienda que atrajo cientos de aficionados, dejándose ver entre ellos el señor Aurelio Solís, padre de los entonces niños Aurelio y su hermano ya fallecido, niños que tendrían una estatura de no más de 24 pulgadas, por lo que se les facilitaba meterse en todas y cada una de las gradas y brincar sobre los aficionados, inquietos al por mayor, por lo que no faltó quien al verlos tan pequeños, en especial Aurelio, le adjudicaron el remoquete que actualmente luce. “El Frijolito” por aquellos años le ayudaba al padre Fidel Sandoval en los actos religiosos, por ello aun recuerdo como si hubiera sido ayer cuando un 12 de mayo de 1951, mi hoy esposa y quien esto escribe, íbamos a contraer matrimonio en la Iglesia de Guadalupe, pero el pero que nunca puede faltar fue cuando yo por estar ajeno a los ritos litúrgicos temía quedar en vergüenza cuando por hincarnos yo me pusiera de pie y así por el estilo, por lo que opté por acudir en forma anticipada al templo con miras de localizar al “Frijolito”, a quien le expuse mi problema, por lo que le pedí me ayudara con señas que me hiciera con los dedos desde el altar, cuando debería pararme, sentarme o hincarme y vaya que a la hora buena éste con los dedos y la mano me hizo las señas mediante las cuales resolví lo que para mí me valió no caer en el error, pasaje que aun “El Frijolito” recuerda y comenta.
Así pasaron varios años, siendo cuando trabajó en la oficina de la Agencia Fiscal del Estado adquirió bastante experiencia para a su tiempo renunciar y establecer su despacho público. Por hoy se me acabó la cancha y Dios mediante la semana entrante continuaré con el equipazo Lycsa, no sin antes exclamar un Ooooh Téeeempore…!!.
FEBRERO 10, 2012
Los tremendos Canes
que Jugaban en la Liga de Beis de Segunda Fuerza
Siguiendo con el equipo Canes que militó en la Liga de Beisbol de Segunda Fuerza, es pertinente aclararles que quienes me hicieron llegar la foto únicamente incluyeron los nombres de los que en ella aparecen pero careciendo del dato principal que lo viene siendo su labor desempeñada en tal o cual posición, como por ejemplo quien era el cuarto bat, mismo que a base de su bateo largo o mediante hits podridos producía carreras o bien el caso de los pitchers abridores que se caracterizaban por sus lanzamientos chapuceros, tal como les llaman a quienes tiran con menor velocidad, pero cuando la pelota llega al plato trae tremendo veneno de curvas y sliders que hace ver mal a los toleteros más pintados y otras anécdotas dentro de tal o cual equipo, total que al no obtener mayores datos del quehacer de todos y cada uno de los que en la foto aparecen y al no quedar otra alternativa solamente publicaré sus nombres, omitiendo los muchos o pocos detalles de su vida beisbolística. Como ya lo mencioné en la columna próxima pasada, en el número 1 posó Héctor Careaga, mejor conocido con el remoquete de “El Toty”, el aficionado número uno y correbolas exclusivo de los Vaqueros de Agua Prieta en la Liga Norte de Sonora.
En el número 2 figura el conocido llantero y Santoclós del Trake, Luis Domínguez, a quien sus compañeros de ese entonces distinguían con el apodo de “El Compita”, quien ya descansa bajo la sombra del Señor. En el No. 3 Ramón “Teketeto” Chávez, manejador y pitcher.
En el 4 la madrina srita. Elvia Moreno. 5.- Conrado León. 6.- Guillermo “Memo” Larrazolo (+). 7.- El popular “Chico-Chico”. 8.- Pancho “El Ciego” Pedroza. 9.- José “Chorizo” o “Chory” Berry. 10.- Jesús Valenzuela. 11.- Santos Francisco “Catotas” o “Zancudito” Duarte. 12.- Pancho Chukero. 13.- “Cuate” Moreno. 14.- José “Pepito” Hernández. 15.- Luis Carlos Robles y 16 el niño Sergio Robles.
Así damos por terminado este episodio de Oh Témpore, en cuya foto aparecen muy conocidos personajes de nuestro beisbol, la mayoría hoy respetables abuelos que siguen participando en la actualidad en la Liga de Beisbol de Veteranos o de las momias olorosas a menudo como las rebautizó el ahijado consentido del Cuadras como lo viene siendo Rafael “El Pelón” Othón, quien según lo aclaró su camarada y casi hermano Luis “El Choronel” González por fin le pagó las botas de piel de lagarto que hace más de 20 años le fió “La Chofi”, pero en fin, muchos de los entonces jóvenes peloteros hoy al ver la presente foto dejarán escapar una furtiva lágrima y a la vez musitarán un ¡¡Oh Témpore, Oh Témpore!!.
FEBRERO 3, 2012
Los tremendos Canes
que Jugaban en la Liga de Beis de Segunda Fuerza
Esperando caro lector que estas líneas plagadas de bellos recuerdos te lleven a hacer memoria de aquellos aconteceres deportivos de la década de los 60's, cuando aun nuestros jóvenes deportistas en su mayoría practicaban el beisbol que aun era llamado el rey de los deportes, digo tal por el hecho de que ahora muchos le dicen deporte rey al futbol soccer y otros al baloncesto, basados en que ambos atraen más multitudes que abarrotan los estadios, dejando por un lado al juego de los bats y las pelotas, que se ganó a pulso esa definición de los cronistas deportivos tomando en cuenta lo emotivo, ya que cuando se lleva a cabo un encuentro entre dos novenas y una de ellas toma cierta ventaja, aun no se puede cantar gloria y como lo dijo perfectamente el que fuera el catcher de los Yanquis de Nueva York, Yogui Berra: “Esto no se acaba hasta que se acaba”, y vaya que estas palabras a cada rato se hacen realidad, ya que aun llevando la ventaja en el noveno inning y faltando un strike para que se cante el out 27, un equipo no puede confiar en obtener el triunfo y menos olvidar que el beisbol cuando da, da y a manos llenas y cuando quita, quita, tal y como ha sucedido muchas ocasiones en las Ligas Mayores, en el beisbol profesional mexicano y desde luego en nuestras ligas municipales.
Escribo lo anterior porque a querer y no, traemos a colación aquello que dice: “El recordar es volver a vivir”, por lo que creo que tú lector me darás la razón el mirar la presente foto en la cual posaron los entonces jóvenes que presumían de tener un corazón abierto para así dar cabida a tantas y tantas bellas damitas que los captaban mediante la pupila de sus ojos y que hoy que navegan dentro de la segunda y tercera edad, se dejan ver como serios y respetuosos abuelos, quienes al ver su entonces “bella” figura plasmada en la fotografía, los fotogénicos peloteros a querer y no dejarán escapar una furtiva lágrima para exclamar un ¡Ooooh Témpore!!.
Recuerdo que los inquietos jóvenes, unos nativos y otros hijos putativos o residentes del siempre heroico y glorioso Barrio del Ferrocarril, quienes en busca de hacer honor al barrio de sus amores integraron un team y según mi escasa materia gris por así decir a la escasa majada de (¿?) que tengo en la chompeta, creo y pienso que el iniciador y promotor de conformar el pintoresco equipo lo fue el por hoy próspero comerciante especializado en expender los ricos antojitos a la mexicana allá en la bella ciudad de Tucson, Arizona, el siempre inquieto Conrado “Zamarripa” Salazar, del cual en el turno correspondiente daremos a conocer detalles de su vida dentro del deporte de fistiana o llamado satíricamente como el deporte de las narices chatas y orejas de coliflor, el box.
Ya entrando en materia, empezaremos con el pelotero que posa en el número 1, que viene siendo el popular “Toty” Careaga, a quienes unos llaman como “Toty” Coyote, al que según “El French Frais” lo adoptó el gordito Beto Sosa al que llaman “Totybeto”. Por hoy Héctor “Toty” Careaga a sus 61 años sufre en invierno de sus extremidades inferiores y aunque se queja no le impide andar de arriba para abajo vendiendo “El Clarín”, pero que no llegue la hermosa primavera y el ardiente verano, que es cuando inician las practicas de los Vaqueros de Agua Prieta que participan en la Liga Norte de Sonora, porque de volada se le quitan las dolencias y allá se la lleva en el estadio “Luis Encinas”, donde hace las veces de correbolas y de vez en cuando y sin querer queriendo brinda a los aficionados uno que otro show, por lo que le han acomodado el remoquete de “Toty Coyote”.
En el No. 2 identificamos al ya fallecido Luis Domínguez, a quien mejor conocimos con el mote de “El Compita”, de quien no recordamos en que posición se desempeñaba dentro de dicho equipo, pero si que era propietario de un taller de reparación y venta de llantas usadas, el cual cuando se iba acercando Navidad se daba a la difícil tarea de visitar a sus amigos para hacerles ver que necesitaba de su cooperación en especie o de su aportación económica para adquirir golosinas, dulces, galletas, naranjas, cacahuates y demás, para empaquetarlas y el día 25 de diciembre, dado que era poseedor de una nivea barba natural, con solo ajuarearse de Santoclós ya estaba listo para en compañía de sus amigos y acomodado en un carro alegórico, recorrer desde el mediodía las calles de su glorioso y heroico Barrio Ferrocarril para repartir los crismes a los niños que lo esperaban sabedores de esa noble acción.
Por esta ocasión “El Satánico” Omar me prendió la luz roja, dejándome solo el exhalar profundo suspiro y musitar un ¡¡OH TÉMPORE…!!.
Enero 27, 2012
AQUEL EQUIPAZO DE LA ADUANA FRONTERIZA
Posiguiendo con los tan hermosos años del ayer, los invito a remontarse a través del tiempo cuando tuvimos la dicha de disfrutar de la primera cancha deportiva con piso de cemento, tal como lo fue y lo sigue siendo la que se ubica en el patio de recreo de la escuela Josefa Ortiz de Domínguez, hecho que despertó el instinto deportivo que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro, por ello primeramente se conformó el equipo de voleybol en el cual participaba personal de la Oficina Federal de Hacienda, más como dice el dicho y vaya que dice bien, de ver dan ganas, lo anterior animó al personal de la Aduana Fronteriza, quizás motivado por contar entre ellos a quien fuera llamado el apóstol del deporte, Ignacio “Guty” González Baz, a quien vemos posando en el numero 3 de la histórica foto, quien desde su juventud hasta la llamada tercera edad demostró que por sus venas corría sangre deportista y que a decir verdad nunca me tocó verlo o saber que practicara en cuerpo y alma deporte alguno, pero eso sí, lo suplía con entusiasmo y empuje para la promoción y organización de eventos en los que destacó por más de 50 años, lo que le mereció le fuera aplicado el eslogan de honor a quien honor merece cuando durante la administración de Baudelio Vildósola y en el marco de un Campeonato Estatal de Básquetbol, su nombre le fue puesto al entonces llamado gimnasio municipal y desde entonces en lo alto del mismo se dejan ver las letras de Gimnasio Guty González Baz.
Ahora pasamos a quien está identificado con el número 4, quien al parecer su apelativo era Atondo, mismo que a decir verdad no recuerdo algo de su persona o alguna referencia, tampoco si practicó en esta ciudad deporte alguno, tampoco que trabajara en la Aduana Fronteriza, a menos que haya sido un jovenazo muy fuerte y estatura por arriba de 6 pies, originario de Hermosillo, quien vino siendo cuñado del ya fallecido Jesús Ortega.
Por ello pasamos al número 5, donde posó quien fuera muy estimado y sincero amigo, Rubén Ibarra Liera, a quien llamábamos cariñosamente “El Chino” Ibarra, el cual desde que arribó a esta ciudad a principios de los años 40's como celador del Resguardo Aduanal, por su forma de ser rápidamente se identificó con la plebe, o por decir nosotros, tal como cito en la edición pasada, por lo que pa' más que pronto hicimos ronda en eso de subir el vidrio o pixtear con él, pero hay que reconocer que “El Chino” era un apasionado del amor sin medir peso ni tamaño, ello por el hecho de que por aquellos años de 1943 o 1944, quien esto escribe laboraba en la Oficina de Correos que entonces se ubicaba en la calle 6 entre avenidas Panamericana y 4, en la cual yo venía desempeñándome como “El Traidor”, ya que debido a mi baja categoría dentro del escalafón solo servía de “Milusos” o bien para que todos me mandaran y me ordenaran, “traime esto, traime lo otro”, aparte de que me tocaba chambear en la ventanilla vendiendo estampillas, la cual daba a la calle 6 y que a la vez me servía de mirador, por lo que me llevaba “bobeando” lo que sucedía afuera, por lo que a diario veía que entre las 10:00 y 11:00 de la mañana. “El Chino” que tendría unos 21 años, hacía guardia al costado sur de la iglesia de Guadalupe, donde esperaba pacientemente a que una chamaca, por así decir, de pelo rubio, muy bonita, la cual frisaría entre los 14 y 15 años y cursaba sexto año, saliera del recreo y claro ajena a la vista de los maestros platicar amorosamente con ella, para al terminar la clase éste la acompañaba.
Así duró dicho romance por varios meses hasta que cierto día me di cuenta que se habían casado, que a decir verdad no supe el tiempo que duraron matrimoniados, dado que “El Chino” en plena juventud e inquieto como era se dejó ver entre la plebe. Así pasó cierto tiempo durante el cual estableció su domicilio en la calle 4 y avenidas 5 y 6 al poniente de donde actualmente está el almacén de una cervecería. De cualquier manera, así como dice el dicho, las veredas quitarán, pero lo bailado cuándo!!, y vaya que esto vino siendo una gran realidad, cito tal porque a la postre le costó el cese del Resguardo Aduanal, siendo en cierta ocasión en que coincidieron los actos, cuando cierto día en que a nuestro amigo, a quien llamábamos con el mote de “El Indio” Othón, quien algo así como a las 6:00 de la mañana incurrió en algo penado por la ley, por lo cual fue conducido por la Policía a la cárcel municipal que por entonces se ubicaba en la calle 4 avenida 5, contra esquina del consultorio del Dr. Román Barroso, pero al bajar de la “perica”, tal como entonces les llamábamos a las patrullas, al tocar tierra, “El Indio” deportista como era y a la vez poseedor de envidiable condición física, se dijo: “Patitas pa' que las quiero”, y emprendió veloz carrera, sólo que en ese preciso momento pasaba por ahí “El Chino”, quien se dirigía a entrar al servicio a las 7:00 am, quien al mirar la fuga del “Indio” echó mano a su pistola calibre .45 y bolas cabrón se escucharon varias detonaciones, siendo el prófugo herido en un muslo, total que se armó una jicotera de la chingada, unos recriminando al Chino por lo que llamaban agresión y más en corral ajeno, es decir sin prestar sus servicios en la Policía, total que intervino la Federación por lo que éste fue cesado, pasando después a hacer vida civil.
En el número 6 aparece quien desde la infancia, pubertad y juventud siempre fue mi sincero y muy querido amigo, Alejandro Clark Gastélum, a quien desde los años escolares si mi memoria no me falla, sería la maestra Luz Quijada quien le adjudicara el mote de “El Canano”. Por aquellos tiempos hacíamos ronda, siendo allá por los años 40's, cuando tanto miembros del por decir club que formábamos entre otros Ramón “Loco” Varela, Alejandro “Chapulín” Cruz y quien esto escribe, trabajábamos unos en Correos y otros en Telégrafos, lo que animó al “Canano” a solicitar plaza en la Aduana Fronteriza y que dada su capacidad de estudio para más que pronto fue ascendido a la Oficina de Contraloría, siendo a principios de los años 50's que contrajo matrimonio con bella señorita de nombre María, siendo tiempo después removido a Sonoyta donde accidentalmente encontró la muerte.
En el No. 7 identificamos al entonces joven Alejandro Victoria, quien también prestaba sus servicios como celador como en esos tiempos les llamábamos. Con Alejandro cultivé amena y sana amistad pero en contadas ocasiones nos reuníamos, por lo cual es poco lo que de él puedo contar.
En el número 8 se puede identificar a Edmundo Ibarra Liera, hermano de “El Chino”, quien también trabajó en el Resguardo Aduanal, para después pasar a disfrutar de su jubilación. Con “Mundo” como le llamábamos, llevamos cierta amistad, sólo que dado su extremo carácter serio no recuerdo el haber convivido con él. Deveras que sólo el recordar tiempos idos y que revivimos en la memoria por medio de estas líneas, nos invita a exhalar profundo suspiro y a la vez dejar escuchar un ¡¡OH TÉMPOREEE…!!.
ENERO 20, 2012
AQUEL EQUIPAZO DE LA ADUANA FRONTERIZA
Tal como siempre sucede, al andar curioseando dentro del viejo arcón de los recuerdos, saltó de pronto una foto de aquellos bellos e inolvidables años de nuestra siempre adorada juventud, misma que al parecer se fue rápido como el viento allá por la década de los años 40's, época en la que solía reunirme con mis queridos amigos de esos tiempos, siendo ellos Alejandro “Canano” Clark Gastélum, Isauro Rodríguez, Ramón Varela Osorio, Ignacio “Chango” Flores y Alfredo “Fideo” Fragoso, con los cuales gozamos de una por decir sana convivencia con el único ánimo de tomar la rica ambarina y el delicioso mezcal “El Jucaral” elaborado por los hermanos Edgardo, Tito y Archibaldo “Pachi” Campbell Monreal, pero eso si, alejados de las drogas.
Eso me lleva a recordar, en referencia a la foto que les presentamos, que la mayoría de los que en ella posan ya descansan bajo la sombra del Señor. Cabe hacer mención en que por aquellos años los deportes como el básquetbol y el voleybol se llevaban a cabo en un terreno con piso de tierra con las medidas reglamentarias y el beisbol en campos abiertos allá por los terrenos ejidales; no mencionamos el futbol soccer por el simple hecho de que tanto el llamado “Maistro Silas” (León Morales), Juan Ávila Córdova, Luis Ramos y Juvenal Velásquez, no hacían su aparición dentro de dicho deporte, entonces, la única cancha debidamente acondicionada era la que aún se deja ver en el patio de la escuela “Josefa Ortiz de Domínguez”, la cual estaba construida con piso de cemento, tableros con lámina adecuada, y claro, su flamante por aquellos años alumbrado eléctrico en la que se llevaban a cabo juegos por decir llaneros, dado que aun no se conformaban las ligas reglamentarias, por lo que jugaban al tú por tú, entre ellos el equipo de los hermanos Proaño, integrado por Nacho, Beto, Roque, Nacho Romo y demás cuyos nombres escapan a la memoria; asimismo el equipo Vanguardia integrado por Héctor y Oscar Rivera Esquer, Paulino Prieto, Armando Laredo, el joven Yátes (hermano del padre Manuel Horacio Yátes), además de Pepe Arvayo, José Manuel “Chemel” y Chico Quijada, entre otros.
Ello influyó a que también se llevaran a cabo juegos de voleybol en los cuales los mejores clavadores que recuerdo venían siendo el profesor Francisco Vega Mayboca, a la par Manuel Ramírez, mejor conocido con el remoquete de “El Manuelón”. Así pues la afición a los citados deportes creció, siendo uno de los principales el equipo de voleybol que se integró con puros dependientes de la Oficina Federal de Hacienda, el cual era manejado por el capitán Manuel Pacheco Zapata, siendo los jugadores Panchito Laredo, Lesley Davidson, Gilberto Bustillos, Chale Barrios, Edmundo Valle Segura conocido con el remoquete de “Z”, arma secreta que medía 6 pies y medio; Jacinto Hernández y varios más que escapan a la memoria, el cual era patrocinado por don José Íñiguez, cuyo uniforme traía impreso en la espalda un reloj con la leyenda Joyería Haste.
Dicho equipo despertó el ánimo en otra dependencia oficial como el que se conformó con base en los entonces jóvenes de la Aduana Fronteriza, dado que Ignacio “Guty” González Baz, quien siempre destacó como un apasionado de todas las ramas deportivas, ya fuera tomando tiempo en peleas de box y juegos de básquet y voly, impulsado por el mismo calor se dio tiempo para integrarlo, el cual aparece en esta fotografía, de cuyos integrantes haremos bellos recuerdos y daré a conocer inolvidables anécdotas de esos años.
En el número 1 se deja ver quien fuera gran amigo, mismo con quien hacían ronda todos los chavos de ese entonces o sea nuestra gavilla y fungiera como celador en la garita fronteriza, Tomás Villarreal, quien residía en casa ubicada en la esquina de calle 2 y avenida 9 y en la misma avenida, sólo que entre calles 2 y 3, vivía una señorita super bella de cara y cuerpo, conocida como “Chacha” y cuyo apellido por razones fáciles de entender omitimos, y quizás por ser vecinos todo fue cuestión de enamorarse formando una pareja ideal.
Bien recuerdo que cuando nos reuníamos, ya fuera en “El Azteca Club” o “La Pagoda” del “Bizco” Arévalo, toda la plebe nos poníamos hasta las manitas, para allá a la 1:00 o 2:00 de la mañana Tomás se acordaba de su linda Chacha, por lo que a la voz de ya agarraba rumbo hacia donde ella vivía, para ya frente a la ventana de la pieza donde dormía, este de solitario dejaba escapar de su ronco pecho una a una de las más románticas canciones de aquellos años, melodías que el famoso trío Los Panchos ponían en boga, motivando que todos en tal o cual tonada las cantáramos, entre ellas la de nombre y vaya que alusiva a ella, “Chacha Linda”, cuya letra dice: “Chacha, mi chacha linda, no sé si pueda dejar de quererte, no sé si pueda dejarte de amar”.
Así pues, Tomás cantaba tal como se dice, “bonito” pero con mucho sentimiento, o sea un tanto cuanto en mal tono, pero pleno de amor para su Chacha de toda la vida con quien contrajo matrimonio, siendo años después que él dejó de existir.
Con el número 2 aparece quien sólo recuerdo su apelativo, Rodríguez, quien prestó sus servicios en la Aduana por corto tiempo al ser cambiado dentro del sistema de rotación de esa dependencia, de tal manera que fue poco por no decir que nada lo que nos dio a saber, por lo que es fácil comprender que no podemos comentar hechos de su estancia en esta ciudad.
Por hoy aquí la dejamos debido a que “El Satánico” Omar me puso la luz roja indicándome que el espacio ya se agotó, lo que me invita a dejar escapar de mi ronco pecho un ¡¡OH TÉMPORE…!!.
ENERO 13, 2012
La campaña del '67, Ibarrola la quería y… Gustavo Terán la ganó
Por esta ocasión y coincidiendo con los tiempos de la política que ya están encima y otros que se avecinan vamos a remontarnos a los apasionantes años de la época de los 60's, cuando se “palomeaban” por la gubernatura del Estado, ambos dentro del PRI, don Enrique Z. Cubillas y don Faustino Félix Serna.
En la campaña por la grande en un principio se perfilaba como triunfador indiscutible “Zeta” Cubillas, siendo por esos años que Gilberto “El Sahuaripa” Valenzuela andaba de moda y de labios de él el corrido compuesto a Cubillas se dejaba escuchar a lo largo y ancho del Estado de Sonora, asimismo “El Chichí” Loreto había pedido a su compadre Luis Encinas Johnson, que apoyara para candidato a la Presidencia Municipal a Bernardino Ibarrola Serrano.
Así pues, todo parecía correr sobre ruedas, pues no se contaba con que la política a la mexicana podría brotar de un momento a otro, tal como sucedió cuando allá por el sur, en Ciudad Obregón, donde hizo magnífico papel como presidente municipal, surgió de pronto el nombre de don Faustino Félix Serna, quien apoyado del centro vino a echar por tierra todo el avance que había logrado “Zeta” Cubillas. Lo que pasó después en la Presidencia Municipal no sé si supe la causa del cambio, pues quien estaba más que amarrado como candidato lo era Bernardino Ibarrola, mismo que de la noche a la mañana dijo un: “Saben qué, dijo mi mamá que siempre no, no voy a candidatearme”, por lo cual el Grupo Loreto comandado por “El Chichí” y que venía apoyando al renunciante, de inmediato convocó a junta extraordinaria para buscar al suplente de Ibarrola, saliendo de ahí ya como candidato oficial a la Presidencia Municipal Gustavo Adolfo Terán Terán, a quien todos conocíamos como Tavo.
Por otro lado, quienes andábamos por el lado de “Zeta” Cubillas, siendo el doctor Elizalde como cabecilla de grupo, Alejandro Murrieta Salgado, varias personas importantes y claro varios colados entre los que figuraba quien esto escribe, al saber del cambio de candidato a gobernador nos sentimos lastimados, optando por retirarnos y al menos en esa campaña no participar. Cuando menos así lo pensamos, pero bien recuerdo que un día “El Chichí” y Tavo me mandaron llamar para echar una platicada en la oficina privada de Lycsa, para proponerme que me uniera a ellos, pues el trancazo ya estaba dado y ni Dios padre lo quitaría, me propusieron que en el Barrio del Ferrocarril alborotara la bitachera, por lo pronto como andaba un poco heridón me resistí, pero al ver que de cualquier manera la suerte ya estaba echada acepté unirme, por lo que de inmediato invité a colaborar a mi compadre José Meza Zañudo, mejor conocido como “El Peinetas”, a quien la política siempre le había apasionado, éste aceptó y empezamos la labor de proselitismo, estableciendo el cuartel general en el edificio de “Los Altos de Jalisco”, en calle 4 avenida Azueta y Espinoza, cuyo propietario lo era don Pancho Pedroza, quien accedió a prestarlo para el caso.
Así pues, de día hacíamos recorrido de tocar puerta por puerta para convencer a los ciudadanos y por la noche de forma continua es decir noche a noche, ahí en el cuartel llevar a cabo pláticas y estrategias a seguir en que cada uno de los ahí presentes otro día en la noche acudiría con un convencido más.
Sobra decir que convencimos, digamos a un 90% por no decir que 100% quienes formamos un grueso contingente, lo contrario a como se llevaba a cabo la campaña al lado oriente de la ciudad o el centro por así decir, donde muchas personas aún dolidas por el cambio brusco de candidato y aún influenciadas por el corrido de “Zeta” Cubillas que “El Sahuaripa” con su inigualable manera de interpretarlo, había cundido en todo el Estado, siendo quizás por ello que la campaña de don Faustino estuvo más que complicada, llegando inclusive a la violencia principalmente en los universitarios que se negaban a aceptarlo como candidato, influyendo esto en el centro de nuestra ciudad que aún a sabiendas que Gustavo Terán era una persona de envidiable solvencia moral, siempre se resistían a colaborar abiertamente.
Esto en un gran porcentaje hacía ver un tanto deslucida la campaña que en forma intensa el comité llevaba a cabo, siendo por ello que los mítines de sector se veían un tanto flojos, lo contrario al que se efectuó por fuera de nuestro cuartel en la calle 4 avenidas Azueta y Espinoza, donde se dejaron ver familias enteras con niños en brazos apoyando con todo la candidatura de Terán. En ese mitin, así tartamudo como soy, claro como presidente del subcomité de seccional, me aventé un más que “fervoroso” discurso, que como antes digo por lo tartamudo no sé si me entenderían, pero me aplaudieron, y como de ver dan ganas eso le pasó a mi compa “Peinetas”, que también se aventó al ruedo echándose al respetable a la bolsa con su también “fogoso” discurso, quedando al final para cerrar con broche de oro el discurso del candidato.
Ahí fue donde los residentes del Barrio del Ferrocarril conocieron la sencillez de Gustavo Terán, asimismo éste reconoció que a pesar de lo que se decía y se dice de la gente del barrio, esta era noble, que claro como sucede hasta en las mejores familias, no puede faltar el prietito dentro del arroz.. Debo decir que a partir de ese día, tanto Terán como “Chichí” Loreto, “Chémali” Montaño y varias personas más del equipo, entre noches nos acompañaban en las juntas reglamentarias para saborear al mismo tiempo el sabroso café que las señoras del barrio preparaban.
La campaña avanzaba y fue cierto día que nos hicieron saber que para un jueves se llevaría a cabo en el kiosco de la Plaza Azueta un mitin masivo de seguidores de la fórmula Faustino Félix Serna-Gustavo Terán, por ello nos dimos a la tarea de preparar a toda la tropa traquera, quienes no se hicieron del rogar, siendo ese día por la noche que ya se habían reunido no menos de 400 personas, que por aquellos años comparativamente al tiempo actual pudieran equivaler a unas 2 mil personas y para animar el cotarro pedimos al comité central que nos mandara un grupo de mariachis, mismos que en entrega inmediata nos llegaron, asimismo un par de patrullas que solicitamos como protección, dado que emprenderíamos a las 8:00 de la noche una caravana por la avenida Azueta, ahí virar hacia al Oriente para al llegar a la Panamericana torcer hacia el Sur hasta la calle 6, de ahí al Oriente hasta desembocar en la Plaza Azueta. Esa era la ruta señalada y claro les hicimos saber a los mariachis que desde el inicio de la marcha se dejarían caer a viva voz aquel corrido revolucionario que dice: “Yo soy rielera, tengo mi Juan, él es mi vida yo soy su querer, cuando me dicen que ya llegó el tren, adiós mi rielera ya se va tu Juan”.
Y así fue, los mariachis trompas de hule se lo dejaron caer sin parar de tocar un solo instante y lo más bonito y emotivo era que el gentío de gente al mismo tiempo lo coreaba. Por aparte muchas personas habían acondicionado teas impregnadas con gasolina, mismas que les prendieron fuego dando con ello un colorido más que especial. Lo más bonito, lo más impactante era que entre la tropa se dejaban ver mujeres y hombres con niños en los brazos, aquello era todo un señor espectáculo, por lo que al paso de la marcha muchas personas se unían a la misma, por lo que creo al llegar a la plaza no éramos menos de 500 los marchistas.
Bien recuerdo que al llegar, los oradores y dirigentes estaban arriba del kiosco, pero en la explanada a lo sumo habría y desparramados poco menos de 100 personas, por eso al hacer nuestra entrada triunfal a la plaza, bien recuerdo que “El Chichí” Loreto se bajó del kiosco y al tiempo que me abrazó me dijo: “Hijo de la chingada te aventaste, nos salvaste el mitin..!!”.
ENERO 6, 2012
EL ESTADIO ANTONIO B. LORETO Y SU HISTORIA
El 5 de mayo de 1967, el entonces gobernador del Estado Luis Encinas Johnson visitó Agua Prieta en compañía de su esposa Lourdes González de Encinas, para asistir a la ceremonia de inauguración de un nuevo campo de beisbol que a la postre se le adjudicaría el nombre de Antonio B. Loreto, quien fungía como presidente municipal en esos años y se distinguió por ser un impulsor y promotor del deporte en todas sus ramas.
Durante el acto, el también conocido promotor, fotógrafo, historiador y presidente del Patronato Pro Deportes Ignacio “Guty” González Baz, hizo una reseña de los pasos que se dieron para que los deportistas contaran con dicho campo ubicado a espaldas de la vieja y hoy desaparecida cárcel municipal, el cual y para interés de las nuevas generaciones y para ilustración de dos o tres mentes “brillantes” que han sugerido que dicho parque sea derrumbado para ampliar el cementerio municipal, reproducimos íntegramente en este espacio lo dicho en esa ocasión por Guty:
En el año de 1963, la Liga Municipal de Primera Fuerza de Beisbol Amateur, fue privada del uso del único estadio de beisbol que había, el desaparecido Jaripeos y Deportes, para introducir la Liga Profesional Norte de Sonora. El campeonato municipal con miras al torneo estatal tuvo que desarrollarse en campos llaneros y en ocasiones en terrenos de la vecina población de Douglas. Esta situación dio origen a que el Patronato Pro Deportes a mi cargo y con el acuerdo y cooperación de la Liga Municipal respectiva bajo la presidencia del activo deportista Benito Laborín Ayón, solicitáramos del H. Ayuntamiento que en esa época presidía el señor Eduardo Amavizca Santoscoy, la concesión del terreno a un costado de la Cárcel Municipal, para la construcción de un campo de beisbol, para uso exclusivo de la Liga Municipal de aficionados.
Por acuerdo número 201 de fecha 4 de julio de 1963, de la autoridad municipal con copia para el Congreso del Estado, se hizo la cesión del terreno a nombe del Patronato, para los usos solicitados. Careciendo de maquinaria pesada, para convertir el basurero municipal lleno de inmundicias, mezquites, cepas y demás en campo deportivo, hubo la necesidad de solicitar la ayuda de las autoridades municipales, que conociendo los motivos que les expusimos, nos proporcionaron un bulldozer, una motoconformadora y una aplanadora, con la sola condición de cubrir a tres operadores especializados en el manejo, el sueldo correspondiente a 1.50 de dólar la hora o sea la mitad del sueldo normal de 3 dólares.
Hubo también necesidad de pedir de parte nuestra, el permiso respectivo ante la Aduana para el cruce de la maquinaria y ante la Oficina de Población, por lo que concernía al personal encargado de la misma. Al fin, después de muchas dificultades y problemas, se deslindó el terreno, con la cooperación gratuita del Ing. Jesús del Rincón, quedando a cargo del conocido deportista y amigo, Ricardo “Forito” Fimbres, la nivelación, trazo y orientación del campo, también en forma gratuita.
El mes de abril de 1964 la Liga Municipal de Primera Fuerza, pudo iniciar por fin de una manera regular y sin tropiezos, su torneo municipal en campo propio. En el año de 1966, aprovechando que se encontraba al frente de la comuna el Sr. Antonio B. Loreto, un gran deportista amante del beisbol, que no obstante su alta investidura como primera autoridad, continuaba militando como jugador activo con el equipo Loreto y Cía. de la Liga Municipal, Patronato y Liga le plantearon el problema con respecto a la idea y deseos de bardearlo y acondicionarlo debidamente.
El señor Loreto aceptó de inmediato que se iniciaran las obras, con el 50% de parte del Municipio y el 50% por parte del Patronato. Así se empezó la cimentación y bardeado; el Ayuntamiento nos proporcionaba el adobe quemado y nosotros pagábamos la mano de obra y la arena para la mezcla, ya que 12 toneladas de cal nos fueron proporcionadas sin costo por la Compañía Paul Spur Limm Plant de Douglas. Para terminar la obra contamos también con la valiosa ayuda económica de la Junta de Mejoras Materiales, consistente en 5 mil pesos en efectivo. Siendo deseo lógico terminar dentro de la actual administración los trabajos y con el objeto de acelerarlos, el señor Antonio B. Loreto acordó con la comuna hacerse cargo totalmente del resto de la obra, ya que aún faltaba como un 50% para su total terminación. Fue así, como gracias a la inapreciable intervención de la Administración Municipal pudiera llevarse a feliz término la construcción de este flamante estadio que hoy se inaugura y que sin la ayuda desinteresada del señor Antonio B. Loreto, posiblemente se hubiera llevado algunos años terminarlo. Creo justo y necesario hacer esta pequeña reseña de los factores que intervinieron en el proyecto, con la idea de que el pueblo y originalmente los deportistas que van a disfrutar de este beneficio, comprendan los trabajos y dificultades que tuvieron que vencerse para procurarles los medios necesarios para el desarrollo normal de sus actividades y que significa un paso más hacia el progreso cultural y deportivo de Agua Prieta, y asimismo comprender que es un patrimonio que se les está legando, inculcándoles la obligación moral y material que tienen de cooperar con un amplio sentido de responsabilidad, para que esta bonita obra se conserve en la mejor forma posible.
Señor Gobernador del Estado: Reciba de los deportistas y pueblo en general de Agua Prieta, las gracias más expresivas por el respaldo ilimitado que ha brindado usted a la Autoridad Municipal, gracias al cual ha sido posible construir obras de la importancia de la que hoy se inaugura. Gracias también por haber aceptado la invitación de venir en compañía de su distinguida esposa Sra. Lourdes de Encinas, a esta sencilla pero inolvidable y significativa ceremonia. Sr. Antonio B. Loreto, presidente municipal de Agua Prieta: El Patronato Pro Deportes, las Ligas Municipales de Beisbol de aficionados y pueblo en general, le patentizan su más sincero y profundo agradecimiento por la obra realizada en este magnífico campo deportivo, que hoy se entrega para uso de los beisbolistas amateur.
Gracias también al Dr. Joe Causey, Mayor de la Ciudad de Douglas y al Ing. Rutherman por la maquinaria que nos facilitaron y los obreros Víctor Barraza, Jesús C. González y Charles Cristmas; a la Phelp Dodge y Paul Spur Limm Plant, por el material que nos obsequiaron; al Ing. Jesús del Rincón, a Ricardo “Forito” Fimbres, a Manuel Ramírez, a Mariano López y Liga Municipal de Primera Fuerza de Beisbol, por la desinteresada y efectiva cooperación que nos brindaron; a los señores Alfonso Corral García, administrador de la Aduana y al señor Jesús Tapia León, jefe de la Oficina de Población, por las facilidades que nos dieron. Hoy al recordar esa bonita ceremonia de inauguración del estadio, dejamos escapar profundo suspiro a la vez que musitamos un ¡¡OH TÉMPORE…!!.
DICIEMBRE 30, 2011
Oh Casino de Agua Prieta como te recuerdo en estas fechas…!!
Gracias a Rodrigo Valenzuela Silva, quien ha venido siendo el proveedor de la mayoría de las fotos del ayer, las fotos que hablan por si solas de aquel Agua Prieta no menos polvoso ni menos feo que el actual, pero eso sí era un Agua Prieta muy nuestro, el que se puede decir era una sola familia, que claro se debe entender que con la consecuencia lógica de las diferentes clases sociales, pero que aún así todos entre si en cierta forma nos identificábamos.
Hoy ese Agua Prieta ha quedado muy lejos, perdido entre la bruma del tiempo, pero no así sus viejos edificios, unos ya destruidos, otros que estoicamente han aguantado el embate de los años y tanto unos como otros guardan dentro de sus ruinas o en sus interiores, una historia, un cúmulo de recuerdos, mismos que hoy relataré al referirme a nuestro querido e inolvidable Casino de Agua Prieta, y digo nuestro porque a pesar de no haber pertenecido al selecto grupo de socios del mismo, sí me tocó el convivir con ellos durante aquellos alegres y familiares saraos por espacio de 22 años en que me desempeñé como mesero, por lo cual siempre me di cuenta que la alta sociedad de aquellos años se veía como una familia, pues en verdad os digo, durante esos 22 años no me tocó presenciar una discusión entre ellos, pues ahí lo que reinaba era la hermandad y la alegría.
Este recuerdo claro que lleva dedicatoria para todos mis lectores, para que a través de este escrito se formen una idea del Agua Prieta del ayer, pero en especial quiero hacer llegar este ¡Oh Témpore! a quienes por muchos años supieron darle vida a ese hermoso Casino, y lo más bonito haber convivido en el por años y años, va pues esta dedicatoria para esas familias que cada baile de fin de año llevaban a cabo un convivio difícil de olvidar, y claro hoy que leen estas letras, seguro estoy no podrán contener esas lágrimas de recordar es volver a vivir…
A vivir pues del recuerdo le diré a la familia de don Alfredo Villaescusa, familia Valenzuela Valencia, familias Meza, Córdova Meza, Terán Meza, Prieto Meza, familia de don Ángel Moreno, familia del Dr. Erasmo Rodríguez Balaguer, familia Terán, familia Munguía Encinas, familia Ruiz Elías, familia de Antonio B. Loreto, familias Ortiz Moflet y Ortiz Cortina, familia Montaño Ayala, familias Margaillán Boubión y Margaillán Frisby, familia del Rincón Frisby, familia Véjar Bretón, familia Durazo, familia Gálvez Arufe, familias Vildósola, Vildósola Burgueño y Burgueño, familia León Herrera, familia de don Xavier Rodríguez, familia Morales Pavlovich, familia Maldonado, familia Irizar Favela, familia Elías, familia De la Torre, familia Caballero Camou, familia de don Alfonso Corral, familia de don Guillermo Corella, familia Ibarrola Elías, familia Torres Vera, familia del Dr. J. Ramón Sánchez y muchas que escapan a mi memoria.
Ahí en ese Casino empecé a trabajar como mesero un 31 de diciembre de 1943 y bien recuerdo que primeramente fue Raúl Franco el encargado del servicio de barra, para años después pasar a ser Rafael “El Amo” Munguía, quien para motivarnos a trabajar en un día tan grande como lo es el fin de año, nos pagaba 50 pesos, si señores, que claro se entienda que por ser un baile exclusivo las propinas eran jugosas, y si las comparamos con los precios del servicio eran super jugosas, tu juzga lector y ex socio de ese maravilloso centro de reunión, la admisión a socios lo era de 100 pesos, pero en cuanto a licor, digamos una botella de Vodka Canadian americano tenía un costo con todo y servicio de 120 pesos, cantidad por aquellos años ya considerable si tomamos en cuenta que el salario mínimo era de 10 y 12 pesos diarios.
Bien recuerdo que “El Amo” Munguía para motivarnos a movernos nos decía: “Quien venda 3 mil pesos ya puede irse a tomar a la barra”, y claro que al menos quien esto escribe los vendía para pasadita la medianoche, pero como tenía que estar con un ojo al gato y otro al garabato por aquello de que los socios conocidos todos pagaban al final del baile, debíamos estar al pie del cañón y claro como ya se tenía el permiso para poder festejar los churumbones menudeaban, pues a pesar de la diferencia de clases sociales, en lo personal yo era amigo de todos, por lo que los brindis caían como arroz.
Tengo recuerdos imborrables de quien fue mi gran amigo de aventuras allá en Mexicali, Baja California, en los años 40's, Paulino Prieto Sánchez, quien faltando unos 10 minutos para terminar el baile siempre me pedía le llevara una botella de la que sólo se tomaba un trago y a la hora de liquidar me obsequiaba la botella llena por así decirlo y me decía: “Tómate unos tragos por nuestra amistad”, oh témpore, misma que acompañaba con 100 pesos de propina, oiga usted, por aquellos años era una propina fabulosa.
Asimismo Carlos Munguía Rodríguez, Ernesto Ayala, “Chichí” Loreto, Luis Córdova, Jesús Terán y varias personas más me regalaban igual cantidad, por lo cual para mí ya era una cosa rutinaria el recibir de propinas esa noche un promedio de mil 500 pesos de aquellos que era una verdadera fortuna y aparte las botellas medio vacías que me obsequiaban. Pero lo bonito, lo inolvidable es que al punto de la medianoche, cuando la orquesta tocaba Las Golondrinas para el año que moría, aquello se convertía en una verdadera fiesta familiar, entre abrazos, lágrimas y gritos de “¡¡la hicimos, la hicimos!!”, es más, nosotros los meseros estábamos tan identificados con esa clase social que por igual dábamos y recibíamos abrazos. Hoy todo eso es sólo un recuerdo, pero de cualquier manera como si hoy fuera 1948 o años antes, reciban todos un Feliz Año Nuevo…!!.
DICIEMBRE 23, 2011
QUÉ TIEMPOS AQUELLOS
SEÑOR DON SIMÓN
Sin duda cabe sobre el decir que el recordar es volver a vivir, cito tal por el hecho de que cada uno de los doce meses del año, ya sea a unos u otros nos trae viejas e inolvidables añoranzas, por citar cada 22 de noviembre cuando se festeja a Santa Cecilia, la santa patrona de los músicos, bien recuerdo que la noche del día 21 o sea las vísperas, todos los grupos musicales hacían presencia en la iglesia de Guadalupe en espera de la misa de las 12:00 de la noche, para al mismo tiempo que empezaba dicho oficio religioso ellos entonaban Las Mañanitas y demás alabanzas y así seguían hasta que daba principio y terminaba la misa de las 6:00 de la mañana.
Ya por entonces los mencionados filarmónicos escogían el salón de baile más popular y ahí se celebraba el Día de Santa Cecilia. Qué decir que la sala de baile era insuficiente para la multitud que acudía. Desafortunadamente hoy en día el mencionado festejo tal parece pasa inadvertido para los grupos musicales.
Asimismo, como no recordar cuando no bien amanecía el día 22 de noviembre de 1952, trasladé a mi esposa Bertha al sanatorio del Dr. Lucio Mayoral Hernández que se ubicaba en la avenida 6 entre calles 2 y 3 y luego en la sala de espera estábamos mi suegro, José Ulpiano Careaga y yo sentados aguardando el arribo de la cigüeña, mientras que nos sobábamos las manos continuamente dado el nerviosismo natural de estos casos, lo anterior por espacio de 3 o 4 horas, hasta que por fin escuchamos el aleteo de la cigüeña y el hermoso chillido de nuestra adorada hija Bertha Celicia Noriega Careaga, misma que el pasado 22 del pasado mes festejó su onomástico.
Igualmente, como olvidar aquel sábado de noviembre de 1948, cuando arribé a esta Bachicuy procedente de la ciudad de Colusa, California, ubicada a varias millas al norte de su capital Sacramento. Por entonces gozaba de mi juventud, por lo que de inmediato me aboqué a localizar a mis amigos Alejandro “Chapulín” Cruz, Alejandro “Canario” Clark, Refugio “Cuco” Galindo, entre otros, y ya reunidos no bien anochecía cuando empezamos a levantar el vidrio en un recorrer por las cantinas preferidas, para ya a la medianoche nos dirigimos a uno de los salones de baile más populares como lo era El Habana Club, que se ubicaba al poniente de donde actualmente está el salón La Cueva del Greco (hoy El Guau-Guau), para ya adentro nunca me imaginé iba al encuentro de mi destino, siendo al dar los primeros pasos sobre la duela de baile, voltié hacia un lado y miré a una muchacha de 16 años, de lo más hermosa, misma que me cautivó y a la vez me ignoró por cierto tiempo, para después cambiar su manera de ser para conmigo y sellar con broche de oro esa bonita relación un 12 de mayo de 1951 al contraer nupcias.
Continuando con lo hecho público en pasadas ediciones, sobre aquellos jovenazos de los años 30's y 40's, damos a conocer a quien posara con el No. 9, Alfredo Treviño, quien por aquellos años estaba al frente de uno de los principales comercios en esta frontera, el cual hasta donde recuerdo su razón social era Tienda Nemesio Treviño, el nombre de su progenitor, uno de los más sólidos capitalistas de aquellos años. Alfredo a pesar de su posición se desempeñaba en forma abierta y sencilla para con todos sin importarle su nivel social, el cual en compañía de Oscar Larrazolo fue uno de los fundadores y sostén económico del Club de Básquetbol Comerciales, siendo por el muy lamentable fallecimiento de Oscar, que por entonces fungía como gerente o subgerente de un banco de Nogales, Alfredo asumió solo la responsabilidad y compromiso amistoso con los integrantes del citado club, siendo tiempo después que contrajo matrimonio con la bella señorita Roca Laborín Ayón, con quien procreó a sus hijos, Roca, Griselda y el popular “Pollo” Treviño”.
En el No. 10 identificamos a quien fuera sinigual amigo, Luis Morales Peñúñuri, hermano de Pancho, Arnulfo El Coyote”, Socorro, Miguel, Raúl, Ramiro y Jesús. Luis militaba en el mencionado Club Comerciales en posición de defensa, siendo ahí donde le llamábamos con el mote de “Moralín”, siendo él un hombre de bien y atento para con todos aquellos que lo trataron, alejado de los vicios y dedicando su vida al deporte, tanto en la práctica como en el impulso, fungiendo además como manager del equipo “Águilas”, asimismo en compañía de Pancho “El Gordo” Blaine y el profesor Luis Leyva Soto dirigía el club de beisbol Comerciales allá por los años 1958 y 1959. Ya para terminar les hacemos saber que por no reconocerles o no haberlos conocido, omitimos el dar a saber a quienes posaron en los extremos de la segunda fila de la presente foto, lo que de una manera u otra nos impulsa a dejar escapar un ¡¡OOOH TÉEEMPOREEE…!!.
DICIEMBRE 16, 2011
Aquel grupo de amigos del Agua Prieta del ayer
Haciendo eco a aquello que dice y vaya que dice bien, que el recordar es volver a vivir, proseguimos evocando el Agua Prieta del ayer, el de sucesos inolvidables para muchos que estábamos chamacos o jóvenes en esa época, por lo que seguiremos dando a conocer a quienes a finales de los años 30's o principios de los 40's, posaron en la presente foto.
En el número 4 identificamos a Benito Laborín Ayón, mejor conocido con el mote de “El Cabezón” o Benny, hermano de Xóchitl, Tizoc, Roca, Brisa y Evaristo Laborín, quien fuera mi compadre, todos ellos ya descansando bajo la sombra del Señor. Benny desde su juventud en aquellos años militó con el equipo de básquetbol Comerciales, para ya al desaparecer dicho club, a finales de los 50's y principios de los 60's fue nombrado presidente de la primera Liga Municipal de Beisbol Amateur, en la cual participaban los equipos Fieras, cuyo manejador lo era el viejo lobo Heriberto Ríos mejor conocido con el mote de “El Bachatas”; Tecate, manejado por mi suegro Ulpiano Careaga; Comerciales, dirigido por el profesor Luis Leyva Soto; Venados manejados por Antonio “Chichí” Loreeto y José María “Chémali” Montaño; Escuadrón 201, tripulado por Pancho y Gabriel Figueroa; Fronterizos, bajo la batuta de Nepomuceno Zañudo, mejor conocido como “El Amigo Cheno” y Águilas dirigido por Luis Morales Peñúñuri. Benny con base en sus amplios conocimientos, innegable criterio y férreo carácter para lidiar a los dirigentes rebeldes de ciertos equipos, le valió el ser reelecto en no menos de ocho temporadas.
Pasamos al número 5 donde identificamos a Eduardo Gracia, a quien por tener los ojos tan grandes la raza le acomodó el remoquete de “El Sin Ojos”, de quien recuerdo que en una ocasión que andaba yo bien mocoso, un 24 de diciembre éste llegó a la tienda que se ubicaba en calle 3 avenida 6, creo que a comprar cigarros, cuando me acerqué, le jalé el saco de vestir y le dije: “Órale Gracia, dame mis crismes”, éste por aquel entonces trabajaba en la tienda “La Competencia” ganando 2 pesos con 50 centavos diarios que era el salario mínimo, así que se metió la mano a la bolsa, sacó 20 centavos y me los dió y con ellos me puse bien chimpo de pan de los llamados “cochitos” que valían tres por cinco centavos. Así pasaron los años, siendo en 1946 cuando yo andaba en busca de la tierra prometida, en Mexicali, Tecate, Tijuana y Ensenada, Baja California, por lo que al llegar a Tecate tocóme en suerte mirar a Eduardo, quien trabajaba de encargado de un negocio de un pariente suyo, que se ubicaba a escasos metros de la Cervecería Tecate, donde busqué chamba pero no hubo tal, optando por hacerme “ciudadano americano”, perdiéndolo de vista por mucho tiempo, siendo como 20 años después que volvimos a encontrarnos en su residencia de Douglas, Arizona.
En el número 6 recordamos al siempre estimado amigo Casimiro Caíz Noriega “El Yaqui”, con quien llevé una más que estrecha amistad desde allá por los años 30's y que claro está el que quienes si por acaso me leen dirán ya con cierto enfado, oootra vez, cuando vean que menciono al Club de Básquetbol Comerciales, pero asimismo ruego comprendan que por medio de esta columna estoy recordando aquellos hermosos ayeres que vivimos en esos inolvidables años. En aquellos años “El Yaqui” se desempeñaba como segundo de a bordo de Pepe Valencia, quien venía siendo el titular en el servicio de Telégrafos Nacionales y tal como en ediciones anteriores lo hice saber, él y Alfonso “El Viejo” Jaime conformaban el dueto trovador, siempre listos para cuando sus compañeros les invitaran a dar serenata a las preciosidades de aquellos años. Casimiro contrajo matrimonio con la siempre amable y atenta maestra Guadalupe Alcázar, para una vez jubilado optaron por emigrar al vecino país del norte, a Los Ángeles, California, donde rindió tributo a la madre tierra.
En el No. 7 miramos a Ignacio “Guty” González Baz, de quien en ediciones anteriores hemos dado a conocer su amplia trayectoria en esta frontera, por lo que pasamos al No. 8, donde identificamos a Cutberto Cruz Arvayo, a quien dentro del citado club de básquetbol Comerciales le llamaban con el mote de “El Chaparro, quien laboraba en la carnicería La Competencia de don Eduardo Arévalo y si le memoria no me falla, una vez que cerró sus puertas el citado comercio, laboró en el expendio de vinos y licores de don Paulino Prieto Bruna, para después cuando clausuró actividades este negocio, él y su respetable esposa pasaron a residir a Phoenix, Arizona y vaya que desde los años 50's ni por la feria volvió. Por hoy se me terminó la cancha y no queda más que echar por fuera un ¡¡OH TÉMPORE…!!.
Diciembre 9, 2011
Aquellos mis viejos amigos…
Prosiguiendo con la narrativa de la edición pasada, donde dimos a saber los hechos políticos que se dejaban ver dentro de aquel Agua Prieta del ayer, aquel Agua Prieta que nos arrebataron, aquel Agua Prieta que estaba conformado por decir por una sola familia, siendo por ello que al llevar sana amistad los unos con los otros, a donde iba uno era más que bien conocido, lo contrario al hoy que al salir de nuestro hogar y caminar digamos unos 100 metros de distancia, ya somos desconocidos.
En la foto que les mencionamos, damos a conocer a quienes participaron en aquella ya citada campaña del Lic. Luis Echeverría Álvarez a la Presidencia de la República el año de 1970, siendo en el orden acostumbrado de izquierda a derecha: 1.- Bernardino Ibarrola Serrano. 2.- Profr. Ignacio Leyva Durazo. 3.- El Sr. Gudiño. 4.- Ernesto Franco Rosas. 5.- Raúl Franco Rosas. 6.- Lic. Luis Echeverría. 7.- Héctor “Gordo” Ortiz Cortina. 8.- Guty González Baz y 9.- Abel Villalobos.
Continuando con nuestros recuerdos, ahora retrocederemos a aquellos finales de los 30's o principio de los 40's, cuando quienes posaron en la siguiente foto gozaban de una bella juventud, pues si no me equivoco ellos integraban el llamado Club Comerciales, conformado por jóvenes que trabajaban en diferentes comercios, entre ellos La Sorpresa, cuyo propietario era don Enrique León; La Competencia, propiedad de don Eduardo Arévalo; Abarrotes de don Nemesio Treviño; Vinos y Licores de don Paulino Prieto Bruna y Paulino Prieto Sánchez; Oficina Postal de Correos, Telégrafos Nacionales y Gasolinera, Marcelino Rodríguez.
Cabe hacer notar que dicho club lo conformaban poco más de 30 miembros, todos ellos jóvenes deportistas, siendo así como se integró el Club de Básquetbol Comerciales, quienes participaban en campeonatos estatales usando la cancha con piso de tierra ubicada en el terreno donde actualmente está la mueblería Elektra.
Ahora pasamos a identificar a quien posó en el número 1, un formal amigo para quienes a bien tuvimos tratarlo, Edgardo Fernández, a quien mejor le llamábamos con el mote de “El Charrito”, quien por muchos años trabajó en el expendio de vinos y licores de don Paulino Prieto Bruna, quien al dejar de existir el negocio pasó a manos de su hijo Paulino Prieto Sánchez, con quien siguió laborando. Cuando el negocio cerró sus puertas, “El Charrito” optó por emigrar hacia el vecino país, donde años más tarde dejó de existir.
En el No. 2 identificamos a otro gran amigo al igual que todos y cada uno de ellos, Alfonso Jaime, quien aparece enseñando una carita de quien no quebraba un plato, al que mejor conocimos con el remoquete de “El Viejo” o “El Tata”, quien en compañía de sus padres, don Alfonso y doña Guadalupe mis padrinos de confirmación a finales de los años 20's o principios de los 30's, vivían en la calle 3 y avenidas 4 y 5, en una casa de dos pisos construida a como en aquellos años se usaba, a base de adobe de tierra muerta, donde actualmente se ubica la clínica dental del “Güerejo” Salvador Torres Vera.
Alfonso a finales de los años 30's entró a trabajar a la Oficina de Correos, que se ubicaba donde hoy está el consultorio del Dr. Román Barroso, siendo en 1942 cuando yo entré a trabajar a dicha oficina, ésta ya estaba en calle 6 y avenida Panamericana y 4. Bien recuerdo que mi puesto era más que elevado, asignado en categoría de auxiliar de treceava y a la vez guardia “D”, siendo mi responsabilidad el hacer la talacha desde la oficina hasta el corral, ahí limpiando el gallinero propiedad del administrador y como auxiliar No. 13 servía de milusos, claro que con un sueldazo de 114 pesos mensuales.
Ahí en el mismo edificio se encontraba la Oficina de Telégrafos, siendo su director Pepe Valencia y segundo de a bordo Casimiro Cáiz Noriega y como entregador de los mensajes a domicilio Alejandro “El Chapulín” Cruz.
En Correos el administrador era don Eduardo Grajeda Horne; subadministrador don Eduardo Quijada y en orden en escalafón estaban Manuel Abril, Miguel “Miguelín” Lajam Álvarez, Jesús Celaya y “El Chery” Noriega. Como transportador de la correspondencia mexicana a USA o sea a Douglas y viceversa, se desempeñaba don Agustín Ramos.
Tiempo después la mazorca se desgranó o en otras palabras tal parece que todos se pusieron de acuerdo para ir renunciando poco a poco, renovándose posteriormente el personal.
“El Viejo” Jaime navegó por un tiempo aquí en su tierra Agua Prieta para posteriormente pasar a residir a Sonoyta, Sonora, desempeñándose al frente de su negocio de venta de auto partes y para matar el gusanito de su afición al periodismo se desempeñó como colaborador eventual en el diario El Imparcial y todavía en los primeros años del 2000, no obstante sus 84 años de edad, se comunicaba por la vía telefónica con sus amigos, entre ellos con quien esto escribe.
Pasamos al No. 3, en el que identificamos a Ernesto Corella, de quien se puede decir que sus señores padres fueron de los fundadores de esta Bachicuy, cuyo domicilio lo recuerdo desde aquellos años en que yo era un chamaco de escasos 8 años, estaba en calle 7 avenida 4, donde actualmente se deja ver el Mercado Coronado. Ernesto desde su juventud practicó el básquetbol y aunado a una vida sana, posteriormente se fue a residir a la vecina Douglas, Arizona y fue uno de los fundadores del Club de Viejos Amigos e integrante del Club de Leones, siempre fungiendo como maestro de ceremonias.
Por hoy se me acabó la cancha, pero la próxima semana les seguiré dando a saber a quienes posaron en esa inolvidable foto del recuerdo y sólo me queda espacio para musitar un ¡¡OH TÉMPORE…!!.
EDICIÓN DICIEMBRE 2, 2011
De los “Gutys” y de mi compadre “Peinetas”
Hoy voy a recordar algunas vivencias de quien fuera el conocido funcionario aduanal, fotógrafo, impulsor del deporte y cronista de la ciudad, Ignacio González Baz, a quien los jóvenes de los años 30's le adjudicaron el mote de “El Guty”, dado a que por aquel entonces él vendría llegado a esta frontera, desempeñándose en alto puesto dentro del servicio aduanal y no recuerdo si dentro del mismo también fue asignado otro funcionario de apellido Calderón o éste trabajaba en otra dependencia, el caso es que ambos hicieron mancuerna y disfrutaban de su juventud y carisma, aunado a que aparte de tocar la guitarra en todos los tonos eran poseedores de una más que bien timbrada voz, lo que claro, tal como sería allá por los años de 1932 o 1933, cuando siendo yo un lepe de 9 años, se puede decir vago o lépero, pues aprovechando que nuestro Agua Prieta era un pueblucho de 5 mil habitantes, los padres de uno lo dejaban salir hasta las 10:00 de la noche, dado que al considerarnos una sola familia no se quedaban con pendiente alguno, por lo que al igual vagábamos Rafael “El Lamo” Munguía, Arnulfo “El Coyote” Morales, Luis “El Chato” Chin y algunos más quienes nos colábamos hacia el ancho pasillo que se dejaba ver en la escuela Josefa Ortiz de Domínguez y a través de los amplios ventanales nos asomábamos al salón de actos y por ahí veíamos los bailes que ahí se llevaban a cabo y escuchábamos al “Guty” y Calderón complacer las peticiones de tantas y tantas muchachas rebonitas, de tal manera que se puede decir que ellos con sus canciones le daban vida al baile.
Eran los ídolos de las muchachas que les rodeaban y como González Baz interpretaba mayormente melodías de “Guty” Cárdenas, entre ellas “Nunca”, “Granito de sal”, “Nuestro juramento”, “Caminante del Mayab”, “Rayando el sol”, “Caminito de la sierra”, “Que te ha dado esa mujer” y muchas más de su amplio repertorio, la gente comenzó a llamarle cariñosamente con ese apodo, el cual lo acompañó el resto de su existencia.
Años después Guty González Baz se casó y se convirtió en hijo adoptivo de esta ciudad, pasando a ser parte activa del movimiento general de esta frontera, desempeñándose muchas veces como fotógrafo oficial en movimientos políticos, festejos nacionales, tomador de tiempo en los deportes, maestro de ceremonias, etc. Aclaro que hago una breve semblanza de un hombre que con hechos logró perpetuar su nombre, por lo que acudí al que fuera su domicilio, el cual actualmente habita su hija, con la intención de que me prestara algunas fotos añejas de las que Guty dejó a su paso por tantos y tantos eventos, a lo que accedió con la mejor de sus voluntades y aunque ella estaba enterada, de cualquier manera daré a saber que entre enojos simples y reconciliaciones, Guty y yo siempre estuvimos en comunicación. Ahora al dar a conocer una de las valiosas fotos en las que Guty siempre estaba al pie del cañón, esta nos trae a la memoria la campaña que llevaba a cabo el Lic. Luis Echeverría Álvarez en busca de la Presidencia de la República postulado por el PRI, a fines del año 1969 o a principios de 1970, cuando por aquel entonces no surgía la división política, siendo escogido el PRI para recibirlo y si la memoria no me falla pernoctó en el Hotel Yolanda.
Por aquel entonces yo me desempeñaba en el taller de carpintería de mi propiedad y bien recuerdo que José María “Chémali” Montaño fue comisionado para elegir el lugar donde sería instalado un templete amplio que me fue confiado, abocándome a su construcción, la que fue terminada al tiempo y gusto sin embargo durante los trabajos realizados no dejaron de pasar cosas chuscas, como cuando el años después concesionario taxista en Douglas, Ramón “El Primate” Mireles, quien trabajaba como ayudante en mi taller y andaba en la construcción del templete, le tocó clavar las tablas de 14 y 16 pies de altura, siendo en un descuido que algo le falló y se dejó venir de cabeza sobre el pavimento por lo que de inmediato acudimos en su ayuda pensando algo grave había pasado y cuando tratamos de agarrarle el brazo para ayudarle a que se levantara, comenzó a manotear y a gritar: “No, no me toquen, yo quiero que me levante Chémali, si, que me levante Chémali, pues él fue el que me dio el trabajo”.
Ya por aparte damos a saber a quienes en la foto aparecen por decir como escoltas del Lic. Luis Echeverría, identificándolos de izquierda a derecha. Con el número 1 se aprecia al viejo luchador don Evaristo Grijalva, un hombre que siempre en todas y cada una de las campañas políticas, siempre a favor del PRI, se hacía acompañar de su señora esposa, a quien con todo respeto le llamábamos “La Prieta”, siendo innegable que ellos desde el principio al fin luchaban por la victoria llevando siempre en mente lograr después obras de beneficio social para el Barrio del Ferrocarril, donde residieron por más de 50 años, siendo en los últimos años, quizás decepcionados, que dejaron de participar en actos de esa clase. En el número 2 se deja ver Héctor “El Gordo” Ortiz, quien dada su juventud en aquellos años militaba dentro del tricolor, siendo al parecer por corto tiempo, ya que tiempo después se puede decir que fue uno de los principales impulsores del Partido Acción Nacional y ahí se mantiene en campaña permanente. En el No. 3 identificamos al popular Ernesto Franco Rosas, de vieja militancia priista, participando en todas y cada una de las campañas poniendo toda su capacidad. En el No. 4 aparece el popular “Guty” González Baz desempeñándose como fotógrafo oficial y coordinador. Con el No. 5 se deja ver el profesor Ignacio Leyva Durazo, papá del “Cebollón” Leyva. En el No. 6, para ilustración de las nuevas generaciones que quizá lo hayan visto por televisión y a muy avanzada edad, el entonces candidato a la Presidencia Lic. Luis Echeverría Álvarez. Con el No. 7, como siempre, quien fuera mi compadre José Meza Zañudo, a quien mejor conocíamos como “El Peinetas”, el cual fue un hombre que se puede decir desde su tierna edad le fascinó la cálida política, puesto que siendo miembro del Revolucionario, yo creo que sin estar registrado participaba en todos y cada uno de los mítines.
Aún recuerdo cuando un grupo de aguapretenses hizo un movimiento contra un presidente municipal tratando de hacerlo que renunciara y aún yo siendo menor de edad me tocó ver a mi compadre “Peinetas”, entones un jovencito, haciéndole al revolucionario montando un brioso caballo con su par de cananas repletas de parque atravesadas sobre su pecho, sin faltarle su rifle al hombro. Todo pasó, la polaca siguió de frente y mi compadre participando en todas las campañas mismas en que otros sin ser parte activa se sacaban los puestos dejando a éste en espera de otra oportunidad y fue al fin que cuando Nacho Bacaparra la jugó por el PRI, mi compadre José “Peinetas” Meza se tiró a fondo y al triunfar el candidato lo tomó en cuenta durante su periodo otorgándole un puesto de importancia, siendo al terminar dicha administración, tal vez desengañado o desilusionado emigró a los Estados Unidos.
De todas maneras al recordar esos tiempos volvemos la mente atrás y musitamos un melancólico ¡Oh témpore!.
EDICIÓN NOVIEMBRE 25, 2011
Cuando salió Hidrogas del Barrio Ferrocarril
y el problema del Rastro
Bien recuerdo, si la memoria no me falla, serían los años cuando Leonardo Yáñez fungía como presidente municipal, todo dado a gestiones que en forma constante se venían llevando a cabo ante las dependencias correspondientes sobre lo que dado el crecimiento de la ciudad aunada a la explosión demográfica ya venía siendo algo difícil que la empresa gasera con base en Casas Grandes, Chihuahua, pudiera abastecer la demanda del preciado combustible, lo cual quedó solucionado al instalar en esta ciudad una planta con depósitos suficientes, sólo que tal como suele pasar cuando sucede, que los problemas al igual que los pendejos nunca nos… ops, se me chispotió, se acaban siendo este cuando la gasera se estableció en el Barrio del Ferrocarril, por lo que por ser primera ocasión que se nos tomaba en cuenta andábamos como indios con botas de charol, sólo que la gloria duró poco, dado el caso, en primer lugar, el hedor que despedía el gas, asimismo el suscitarse aunque en forma aislada algunas fugas, lo que claro como es natural, se sentía cierto temor de que llegara a registrarse una explosión que, tomando en cuenta el gran almacenaje de gas, bien pudiera desaparecer el barrio y más cuando quien esto escribe residía a escasos 100 metros, por lo que a la voz de ya comencé a dar más gritos que una vieja parturienta, acudiendo a las autoridades correspondientes en procuración de que fuera reubicada la planta allá por fuera del casco urbano, resultando todo nulo, por ello me acerqué a buscar apoyo mediante protestas, plantones o lo que sea en los siempre “machines u hombres de pelo en pecho” que vienen siendo “orgullo” del barrio, mismos que me mandaron por un tubo, ante ello opté por solicitar apoyo de ellas, las representantes del llamado sexo débil, las viejas mandilonas, agachonas, tal como las califican “El Mono Sonso” Gastélum, “El Mito” Otero, Charli de Castro, “El Tato” Sánchez, José Luis “El Chocolate” Ramírez y otros igual que ellos, dado que tal como gritan que una súplica de ellos es una orden para ellas, siendo así como una tarde instalé equipo de sonido sobre mi charanga y me aventé por todo lo largo y lo ancho del barrio y a grito partido y gracias a lo bonito que declaro lo que hablo, tartamudo que soy, así estacionando el carro en cada esquina, gritaba: “Mujer, madre de familia, te invito a que me acompañes hoy por la tarde, para por las buenas o las malas, dado en la forma que nos han ignorado los de arriba, al igual que los que se hacen llamar los hombres de tu hogar, para echar fuera de tu barrio a quienes vendrán siendo los responsables de la muerte de tus hijos, tus nietos, tuya misma, a la vez que mediante una explosión tal como se siente, hasta con tu casa acarreará, por ello te espero sobre un templete estacionado por fuera de la gasera, ahí decidiremos no si se queda ésta, sino que se va o la sacamos, pero recuerda mujer, te necesito a ti que tú sí tienes pantalones, madre de familia te espero”.
Y vaya que tal parece todo el llamado sexo débil del barrio poco a poco fue llegando, mientras nosotros los organizadores mirando que el grupo crecía le metíamos ganas en el acondicionamiento del micrófono. Es fácil entender que éste ya estaba listo, sólo que las veces que hacíamos las pruebas era para dar tiempo al arribo de más mujeres y contar con la asistencia esperada, en cambio por allá a 3 o 4 cuadras de distancia al saberse los meros machines del barrio que los habíamos ignorado y marginado, se dejaron ver agachones, al decir más que claro que se invitaba sólo a mujeres con pantalones y a familias que en verdad quisieran defender y proteger la vida de sus hijos.
Así transcurrieron por decir unos 60 minutos, durante los cuales se calculaba la asistencia de no menos de 450 a 500 mujeres, quienes a la voz de ya comenzaron a pedir que se diera principio en tratar de resolver el problema, que a decir verdad este parecía un puño de pólvora cerca de una hoguera, siendo así como con voz tartamuda tal como me agrada emitirla, para así quien no llegó a tiempo todavía pudiera alcanzar una de las muchas repeticiones, les dije que se trataba de que las autoridades correspondientes se abocaran a la resolución del problema que venía ocasionando la planta de gas butano y propano en pleno centro de la ciudad, la cual podría provocar una explosión que sería la causa de cientos de muertes no sólo de residentes del Barrio Ferrocarril, dado que los depósitos eran de gran capacidad de kilos o litros de gas, así pues, ante la insistencia del grupo de mujeres, comencé con decirles que la reunión no tenía el sentido de la violencia sino un llamado de atención a nuestra autoridad, pidiendo se abocara a la solución de algo que ya no parecía problema sino que ya estaba encima, ya que en 3 o 4 ocasiones se habían visto algunas fugas y en caso de explosión, los resultados serían de graves consecuencias, palabras que al oírlas las ahí presentes pedían a gritos que a como diera lugar el depósito saliera.
En esos momentos subió al templete Leonardo Yáñez Vargas, quien tomó la palabra, dado que él creía que era un mitin de carácter político, sólo que de inmediato le dije que no podía hablar y le hice ver que se trataba de que nos escucharan ellos que estaban en posición de ayudarnos a que la planta fuera instalada fuera y lejos de la ciudad, fue cuando Leonardo comprendió su equivocación para solamente pronunciar unas palabras y retirarse. Ya pasado el momento, debido a que el gerente Martán permanecía dentro de su oficina en el edificio, en voz alta le pedimos que por favor hiciera presencia ante el público, subiera a la plataforma del camión y diera una explicación a lo que solicitábamos y sobre su posible solución, por lo que de parte de él se recibió una recia negativa de que no saldría ya que estaba en su trabajo, ello me provocó a que con tartamudeante voz le invitara con buenas palabras a salir y subir a la plataforma para dar una razón sobre lo que se exigía, sólo que éste dijo que nada más atendía su trabajo y no necedades, ello me obligó a gritar en voz alta: “Señoras, el señor gerente dice que no sale y menos si lo quieren sacar por la fuerza, por eso las llamé a ustedes porque con las mujeres no se juega, ustedes saben si dejamos que jueguen con la vida de nosotros y la de nuestros hijos”, no bien se los dije, todo el bolón de mujeres corrió hacia la oficina y como tenía la puerta abierta entraron, para luego agarrarlo en peso o como se dice de gallinita y lo pusieron frente al templete, siendo cuando lo invité a subir para que diera una respuesta a lo que exigíamos por lo que armándose de valor respondió que no subiría ni a fuerzas, entonces les pregunté a las mujeres que si ahí terminábamos la junta, no que bah!, a un tiempo se le fueron encima y sin que lo tentaran solito apareció arriba del estrado, donde con palabras convincentes le dijimos que si alguien estaba al tanto del peligro que representaba la planta de gas, y más que se encontraba en pleno centro de la ciudad, después de pensarlo un momento Martán reconoció el peligro de que la gasera estuviera dentro del casco urbano, pero él como empleado encargado del funcionamiento de la misma no podía hacer nada al respecto, por ello pedía le dieran tiempo para comunicarse con la matriz y pedir permiso para que en el lapso de varios meses buscar la forma de localizar un terreno alejado y que no representara riesgo alguno para el pueblo, pero no bien lo escuchó el numeroso grupo de mujeres, éstas amenazaron con subir al templete, por lo que éste solicitó le otorgaran un tiempo razonable, unas 2 semanas, para que la matriz hiciera los movimientos necesarios, aceptando las mujeres la propuesta no sin antes advertirle que de no ser así bloquearían la planta y entonces no saldría ni entraría nadie, además de que el gas quedaría incautado puesto que no permitirían la salida de una sola gota.
Así se cerró aquella protesta y vaya que con la firme palabra, para en menos de un mes, allá por la carretera Agua Prieta-Nacozari, desde entonces se encuentra la planta Hidrogas prestando sus servicios. Todo lo anterior viene a que en el Barrio del Rastro, cuyos habitantes desde hace muchos años esperan se les cumpla la promesa de un Gobernador y de varios presidentes municipales, de que el matadero de ganado se instalará en otro sitio, también hay mujeres con pantalones que en un descuido al sentirse ignoradas a lo mejor piensan igual que las primeras, digo…!!.
EDICIÓN NOV. 18, 2011
OTRAS HISTORIAS DE DATO "EL MUERTERO"
Proseguiremos esta columna recordando cuando “El Dato” Campbell llegó a la “Funeraria San José” en busca de trabajo, siendo una de las condiciones el que tenía que perderle el miedo a los muertos, y como para ponerlo a prueba le hice saber que tendría que vivir en la casa que se encontraba al fondo de la misma funeraria, lo que éste aceptó y dijo que su vieja “La Tula”, por tener la profesión de enfermera podría ayudarle con la preparación de cuerpos, porque ésta no les tenía miedo.
Así que ya sabrás lector en el tremendo problema en el que me encontraba, primeramente el negocio y luego la amistad y el reclamo de un amigo que necesitaba y exigía se le diera trabajo, así que no había más que una sopa, y ni “mois”, había que ponerle, y una vez que arreglamos todo, éste tomó posesión de su cargo como “Muertero Emergente”, creo que llegó con suerte, pues un día después se suscitó un accidente automovilístico con saldo de un muerto, por lo que había que practicarle la autopsia de ley, cuyo encargado en ese entonces era el Dr. Francisco Solórzano Ibargüengoitia, que para ello era un as y claro a mí me tocaba ayudarle, así que ahí se me presentó la oportunidad de comprobar si la vieja del Dato era en verdad una chingonería, pues de ser así yo saldría ganando, ya que no es nada recomendable ni agradable el abrir cadáveres, y ya contando con quien hiciera mi parte, pues como quien dice me la pasaría de pechito arreglando lo más fácil.
Para empezar le dí a ella su bata, chanclas o cubiertos de plástico para los zapatos, su careta y respectivos guantes y la invité a pasar a la sala de autopsias, donde para determinar la causa correcta del fallecimiento se debería practicar el sistema de evisceración, que consiste en abrir la caja toráxica y la región abdominal, para una vez todo a la vista revisar si dentro no existe algún cuerpo extraño que pudo causar la muerte antes del accidente, así pues desde el momento en que el doctor tomó el bisturí y a la altura de los cartílagos del pecho hizo la primera incisión, para de ahí proseguir con la del lado externo, de ahí a la región abdominal para quedar en forma de Y, enseguida cortar los cartílagos para abrir el pecho, en eso voltié hacia atrás y miré que “La Tula” permanecía muy tiesa pero sudando a lo cabrón y arqueando como queriendo vomitar, en chinga la cogí de los brazos y la saqué de la sala para así el doctor y yo proseguir en el caso.
Ya una vez que éste determinó la causa real del fallecimiento, me dejó encargado de suturar y lavar el cuerpo, para enseguida vestirlo, arreglarle la cara e introducirlo al ataúd, todo esto yo solo, pero que más quería, ya tenía un trabajador y claro, la vieja de él, que ambos dos en dúo y a la par no le tenían miedo al diablo menos a un cadáver, así que ya sabrás lector, salí poco más que encabronado con “El Dato”, quien sin mostrar la menor mortificación me preguntó: “Y qué Chery, ¿todo salió bien?”. Ya se pueden imaginar la respuesta.
De cualquier manera el problema del trabajador ya estaba resuelto, pero ahora faltaba lo mejor, pues como supongo que mis lectores conocen al “Dato”, quien hace algunos años vendía El Clarín en la puerta de entrada a Douglas, y desde muy jovencito, digamos los 17 años, era un chavo en extremo bien parecido, un “Tony Curtis” mexicano, con quien más de 4 chavas andaban que se las pelabas tras sus huesitos, pero en plenitud de la vida el destino le jugó una mala pasada, nunca supimos el porqué, cuando le provocó un derrame cerebral del cual después de haber estado al borde de la muerte logró sobrevivir quedando atrofiado de varios músculos, por lo cual tendría que utilizar un cuello artificial para poder sostener la cabeza derecha, además de unos fierros para fortalecer las piernas y apoyado en su bastón con cierta dificultad poder caminar. Así en ese estado le di trabajo, aclarando que por esos años yo laboraba en la secundaria “Plutarco Elías Calles”, impartiendo clases de carpintería y educación física, por ello me propuse iniciar de inmediato una terapia en mi amigo trabajador Dato, por lo cual después de cumplir mi horario escolar me iba a la funeraria.
En ese tiempo, éste por tanto usar el bastón tenía los dedos de la mano engarrotados sobre el mango del mismo, así que por ahí decidí empezar extendiéndole primero un dedo que más bien parecía lo tenía pegado al mango, sobándoselo para que no se doblara de nuevo, enseguida proseguí con el otro y así sucesivamente hasta hacerlo soltar el bastón para así proseguir con un intenso masaje de estira y dobla en los dedos, terapia que siguió por buen tiempo hasta lograr el objetivo que pudiera fácilmente coger y soltar el bastón las veces que quisiera. Ya cuando esto estuvo resuelto decidí hacerlo caminar sin ayuda del bastón, por lo cual todas las tardes me pasaba junto a él en la banqueta que da a la calle de la funeraria, le decía que me pusiera las manos en el hombro y con la otra rozaba o se apoyaba levemente en la pared y así empezábamos a caminar de un lado a otro varias veces hasta que se cansaba y después de un ligero descanso volvíamos al ejercicio, que sobra decir era lo que le faltaba. Poco a poco empezamos a ver resultados positivos de primeramente andar casi sin el apoyo del bastón, para posteriormente al principio no sin cierta dificultad caminar sin mi ayuda pegado a la pared, lo que parecía darle vida nueva pues su ánimo creció y en poco tiempo ya logró andar sin bastón ni apoyo de un lado a otro hasta que claro cojeando levemente, pudo ayudarme en el aseo de la funeraria, aunque de muertos no quería saber gran cosa.
El siguiente paso sería que dejara de usar los fierros que le daban fuerza a sus piernas, pues estos estaban ligados con fuertes correas, así que a empezar de nuevo, quitarle los fierros y con la ayuda del bastón nuevamente y apoyado en mis hombros caminar sobre la banqueta de un lado a otro, claro que al principio era sumamente difícil pero su férrea voluntad se iba imponiendo, dejando ver una mejora más rápida de la que esperábamos, por lo que bien recuerdo que un día que llegué de la escuela le dije que empezaríamos a ejercitar sus piernas sin ayuda de los fierros, por lo cual le pedí que se los quitara, me los dio y no bien los tuve en mis manos me paré en la puerta y ante su azorada mirada les di aire, los jondié hasta el otro lado de la calle al tiempo que le dije: “Allá están tus mugres fierros, ya para nada vas a necesitarlos”, claro que se angustió y me dijo un: “Como eres hijo de la chingada y ahora como voy a hacerle para poder andar”, a lo que le respondí: “Lo harás muy fácil, así como lo has venido haciendo, apoyado en mi hombro y sólo en tu bastón”. Éste me respondió: “No la chingues Chery, me voy a caer y me voy a desmadrar más”. “Pues ni modo -le dije- esa es tu bronca, yo ya hice mi parte, ahora todo depende de ti, así que ahí deja tus fierros tirados, ya más tarde voy por ellos, mientras tú ve a ver a tu mamá y dile que ya andas sin fierros”. No quedándole otra me volvió a decir: “Como eres jijo de la chingada, si algo me pasa tú vas a ser el responsable”, para enseguida apoyado en la pared contigua a la funeraria empezar a caminar, claro, con mucho miedo, hacia su casa que distaba unos 50 metros y ya pasado un buen rato regresó con un gesto de gusto, una sonrisa de oreja a oreja que jamás olvidaré y me dijo: “La hice Chery, la hice, y lo mejor a mi mamá le dio mucho gusto..!!”.
De ahí en adelante la vida para él cambió y claro también rindió más en su trabajo… Como es natural, en ocasiones mostraba cierto miedo al bajar o subir las banquetas, por ello decidí ponerle una prueba bastante dura que yo no dudaba éste la pasaría. Como para ir a mi trabajo a la escuela y para tener cierta condición, siempre lo hacía a bordo de una bicicleta, fue una tarde que llegué la puse en la orilla de la banqueta y después sin querer queriendo le pregunté: “Dato, ¿tú sabes andar en bicicleta?”. “Claro” -me contestó-. “A ver –le volví a decir- me conformo no con que andes en ella, sólo con que te subas”, y como éste estaba en la orilla de la banqueta para más que pronto se encaramó y no bien se acomodó cuando me acerqué y tomándola del asiento al tiempo que le dije: “A volar palomas y a tronar el pico”, agarré vuelo y empecé a empujarlo al tiempo que él gritaba: “Me voy a matar pinche Chery, me voy a matar..!”. “Ni modo, es tu bronca”, -le grité-.
Créeme lector, al principio zigzagueó un par de veces para enseguida al tiempo que pedaleaba controlarla y juímonos recio, agarró monte hasta darle la vuelta a la manzana y todavía seguirse paseando y me decía: “La hice Chery, la hice!!”. “Y más que vas a hacer cabrón!!”, le respondí. Ese fue un triunfo más de la terapia y de su fe en lograr recuperarse, por lo que al ver sus progresos decidí embarcarlo en trabajos más duros, por ello a los pocos días que atendimos un servicio, cuando tuve en mis manos el certificado de defunción le dije: “Toma Dato, agarra las llaves de la carroza y te vas al Registro Civil y saca los papeles necesarios para el caso”, eh pinche Dato, abrió tamaños ojotes y me dijo: “No la chingues, hace años que no manejo un carro y la verdad tengo miedo…..”, por lo que le respondí: “Yo no te pregunté si puedes o no manejar, yo te mando que vayas al Registro Civil y total”. Así con miedo y todo encendió la carroza, le dio reversa, ya en la calle agarró rumbo hacia el Registro Civil, siendo al volver que con suma alegría me decía: “Ya manejo Chery, ya puedo manejar”, fue cuando para mis adentros me dije: “Claro que puedes y más que vas a poder”, pero en esta ocasión se me acabó la cancha, pero al recordar aquellos tiempos me acomodo en mi sillón y suspiro un ¡¡OH TÉMPORE…, OH TÉMPORE…!!.
EDICIÓN NOV. 11, 2011
Es que el miedo no anda en burro…
Pues bien, no queda otra que proseguir con pequeños episodios de mi vida, narrar vivencias propias que al recordarlas me hacen volver a vivirlas, y eso es algo que mis lectores, claro está, si es que los tengo, no lo entienden o no lo quieren entender, que al evocar esos bellos momentos, es volver mentalmemente a ser jóvenes.
Por ello me remonto a aquellos años de 1980-1981 en que “El Dato” Campbell trabajaba con quien esto escribe en la Funeraria San José, que luego se llamó San Martín y después Capillas Misión, ubicada en calles 3 y 4 avenida 7, por lo que cierta ocasión lo puse bien guapo para que él manejara la carroza, pero claro, como ya se había acostumbrado a traer la cabeza ladeada hacia el lado derecho, le hice saber que para poder conducir bien debería enderezarla, más sabiendo que si a algo le tiene asco, pero tremendo asco, es a la saliva y a los mocos (claro que ajenos), opté por sentarme a un lado suyo y pa' pronto me saqué, creo que desde la mollera, un buen trozo de moquillo verde, y ya con el en el dedo le puse la mano sobre el hombro derecho y el dedo con el “premio” apuntando hacia su mejilla le dije: “Mira lo que tienes a tu lado, así es que si no quieres embarrarte de mocos más te vale no ladear la cabeza”.
Qué te puedo decir lector, aquello para el Dato era un tormento, era la muerte, y pelando tremendos ojos de ganchete al ver aquello me dijo: “Por favor Chery, no me los vayas a embarrar…”. Y yo le contesté: “Por favor Dato, no vayas a ladear la cabeza…”. Es fácil de imaginar que durante todo el trayecto manejó más derechito que como lo hace el optometrista Nabor Ríos Peña o Agustín Ramos, por lo que una vez terminado el servicio y ya en la funeraria me hubiera gustado que escucharan al Dato.
Pero de cualquier manera íbamos avanzando, lo que quería decir que la terapia era efectiva, ahora faltaba curarle el miedo a los muertos, que en verdad como en aquellos años quien esto escribe todavía no me componía y más con la ayuda de mi cachorro Pancho, mejor conocido con el remoquete de “El French Frais” y que por esos años estaba más loco que una cabra, pues como lo que seguía tal parecía no sería problema. Así pues, para empezar a curarlo de espantos primeramente lo mandé a limpiar ataúdes, lo que hizo de inmediato, claro medio mascón pero lo hizo, y por lo pronto se dio cuenta que los ataúdes no espantaban. Ya que vimos que les agarró poquita confianza, un día “El French Frais” fue y se metió a uno de los cajones dejándolo medio abierto, es decir a manera de dejar entrar el aire, entonces mandé al Dato a que sacudiera ese ataúd precisamente y que lo abriera porque iban a ir por el, y éste ya muy chingón, sin miedo alguno empezó a sacudirlo, lo bueno fue cuando lo abrió y el cabrón “French Frais” estiró los brazos como para agarrarlo, no fue pedo lo que le sacó al Dato, y vaya no se cagó porque de volada conoció al intruso, fue en verdad un show que después hasta el mismo Dato festejaba a carcajada abierta, pero también fue en lo que respecta a la terapia un gran avance, ya que le perdió por completo el miedo a los ataúdes.
Ahora seguía el hacerle perder el miedo a los muertos, por lo que empecé a en cada ocasión que nos tocaba llevar a cabo una preparación, lo invitaba a entrar al cuarto de autopsias sólo como observador, y vaya, aún así había que verlo, parecía de esos caballos pajareros, avispados, bien desconfiado como la divina chingada, así estaba el Dato, como listo para en caso de que el muerto se levantara salir en chinga. Seguimos avanzando, ya podía entrar sin miedo al cuarto de autopsias, tú lector date cuenta del trabajo de terapia que estábamos llevando a cabo sólo para que el señor Adeodato Campbell desquitara el sueldo, claro que no me podía, pues nadie me obligaba, era más bien un servicio a un amigo. Así pues, poco a poco fue perdiendo el miedo, pero claro, vendrían pruebas más duras por las que tendría que pasar, de las cuales sólo había dos opciones: Una: le entraba derecho sin miedo a los muertos. Otra; ahí mismo quedaba víctima de un infarto. Y vaya que cerquita de esto último estuvo en cierta ocasión que fallecieron tres jóvenes en un accidente, uno de Durango y otro de Zacatecas, quienes trasladaban mineral en un camión grande con destino a Nacozari de García y otro que después supimos era de Arizpe, Sonora, el cual iba de raite sobre el material de la caja y serían como las 10:00 u 11:00 de la noche cuando me avisaron que un camión materialista se había volcado en la curva de Cabullona con el saldo de 3 muertos, indicándome que fuera por ellos, por lo que al de Durango y Zacatecas había que practicarles el sistema de evisceración, es decir extraer todas las vísceras para que aguantaran 4 o 5 días sin descomponerse, para mandarlos a sus lugares de origen debidamente preparados; el otro cuerpo por ser desconocido nomás practicarle la autopsia, para ahí dejarlo depositado en espera de que fuera reclamado, así que desde la medianoche hasta casi la madrugada el doctor Francisco Solórzano y mis güesitos estuvieron trabajando, para así otro día buscar quien trasladara los cuerpos, siendo ese día después del accidente cuando Luis Antonio Cosío en un pick up de su propiedad, ya entrada la noche se encargó del traslado, quedando en el anfiteatro sólo el cuerpo del desconocido.
Para todo esto, el Dato aunque guardando cierta distancia estuvo participando, por ello al tercer día por teléfono le hablé indicándole que quería que limpiara bien el cuarto de autopsias o anfiteatro, por aquello de que se pudiera presentar un servicio, esto fue al mediodía, por lo que el Dato como ya estaba mínimamente familiarizado con los muertos, no puso objeción alguna y obedeció la orden, se dio a la tarea de primeramente limpiar la plancha que presentaba manchas de sangre, eso sí, como el cuerpo del joven desconocido por no haber sido reclamado permanecía en una camilla al fondo del cuarto, el Dato siempre matrerón le echaba una quiotra mirada de ganchete por aquellos del no te entumas, mientras que con una mano, la no afectada, limpiaba la plancha de operación, de cualquier manera daba la espalda al cadáver y a la puerta de salida, lo que dio origen a que le jugara una broma bastante pesada, que la verdad, estando el Dato aún delicado de salud aunque en grado mínimo, no me explico cómo no se infartó con el tremendo sustopedo que el cabrón “French Frais” le sacó, pues éste esperó que aquel estuviera ensimismado haciendo la talacha, mientras se escuchaba medio tétrico el zumbar del extractor, un zuuruuum que en verdad pone nervioso, y al tiempo que escuchaba dicho zumbido le echaba una mirada matrera al cadáver, quitaba la sangre de la plancha y todo lo demás era silencio sepulcral, no se escuchaba aparte del zumbido otra cosa.
Fue cuando con pisada felina, el French Frais de puntitas sin hacer el menor ruido y como el Dato estaba ensimismado pensando lo peor, no se dio cuenta como el cabrón bromista se le acercó por atrás y al tiempo que desde los tobillos hasta la cintura le pasaba las manos a manera de leve abrazo, fingiendo voz cavernosa le dijo: “Daaatoooo, Daaatoooo”, eso fue lo máximo para que el Dato en un salto felino brincara como tres metros hasta ir a testerearse contra la pared y al tiempo que abría los ojos desorbitadamente, dejaba escuchar cierto gemido como queriendo hablar, temblaba en forma impresionante, para esto ya había visto quien era el autor de la “inocente” bromita. Al fin como a los 30 segundos pudo hablar y al tiempo que dijo: “Pancho jijo de la chingada”, como impulsado por un resorte o con corriente eléctrica salió en chinga, pero en chinga tras el bromista, quien tuvo que meter todo el acelerador porque en caso de que lo hubiera alcanzado la ganancia no se la habrían garantizado.
Por esta ocasión se me acabó la cuerda, por lo que seguiremos en nuestra próxima edición narrándoles esas vivencias con mi estimado amigo “El Dato” Campbell, por lo cual nos queda volver la mente atrás y al recordar esos inolvidables tiempos musitar un ¡¡OH TÉMPORE, OH TÉMPORE…!!.
EDICIÓN NOV. 4, 2011
◄En el año de 1934 fue tomada esta foto en el patio de la casa donde vivía la familia Munguía Rodríguez, en calle 2 avenidas 6 y 7. Con el número 1 se ve al entonces travieso chamaco José “Chery” Noriega, quien todavía no se componía. 2.- Rafael “El Amo” Munguía. 3.- “Franky” Abril. 4.- Arnulfo Córdova y con el número 5 al “Güero” Zaroni “El Molacho”… ¡¡Que tiempos aquellos…!!.
Los huevitos de Douglas
Para darle cuerpo a la presente narrativa me remontaré a aquel año de 1936, cuando apenas andaba gozando de mis primeras 12 primaveras en que formábamos una bonita macoya de amigos y condiscípulos a quienes siempre recuerdo en forma muy especial, entre ellos Alejandro “El Chapulín” Cruz (+), Ignacio “Chango” Flores (+), Ramón “El Loco” Varela y claro aquí tu servilleta. Eran aquellos tiempos muy difíciles, en los cuales el dinero si tenía un valor real, tan era así que bien recuerdo que en la calle 3 avenidas 6 y 7, mis padres tenían un molino de nixtamal en el cual se vendía el kilo de masa a 10 centavos.
Es más, eran épocas muy duras aún hasta para uno que era un niño, dado que a las 6:30 de la mañana quien esto escribe ya andaba trabajando entregando masa al por mayor, por así decir pues en una bandeja de peltre mi señora madre acomodaba 12 kilos de masa ya bien empacadita kilo por kilo, para que yo agarrara monte con la bandeja sobre la cabeza rumbo a la tienda “La Mariposa” cuyos propietarios lo eran don Jesús Acosta y doña Manuelita de Acosta, quienes fueran padres de Cecilia, Gildardo y Rafael “El Falo” Acosta, tienda que se ubicaba en calle 7 avenida 4, a donde tres veces diarias llevaba 12 kilos de masa para recibir por ello un peso.
Tú sabrás lector si eran tiempos difíciles. Asimismo, la señora madre de “El Chapulín”, doña Toñita Arvayo viuda de Cruz, era propietaria de otro molino de nixtamal, “El Retoño”, ubicado en la calle 5 avenida 7, contra esquina de “Licores El Rey”. Así pues, por desempeñar trabajo similar y aparte cursar el mismo grado de estudios hacían más firme la amistad, por lo que ya por la noche estábamos siempre de acuerdo para tal como se venía haciendo costumbre, asistir a la función de cine que se llevaba a cabo en la única sala cinematográfica con que se contaba, el “Cine Bohemia”, cuyo propietario lo venía siendo don Pedro Díaz y Félix, padre de nuestro amigo don Raulito Díaz, donde nomás para que se den una idea de lo que había que batallar para ganar el dinero, en dicho cine se cobraba 20 centavos por derecho de entrada a luneta y 10 en galería.
Recuerdo que quien no dejaba escuchar el sonido de la película lo era “El Gordo” Pancho Blaine, mismo que al igual que si anduviera a campo abierto ahí dentro de la sala cinematográfica a todo pulmón y vaya que si tenía vozarrón gritaba: “Dulces, chicles, cigarros”, porque debe entender el lector que adentro se podía fumar. Esa amistad entre nosotros nos llevaba a andar juntos por todas partes, como sucedió un sábado de Gloria, cuando ya reunidos me invitaron al otro día domingo a ir al parque de la calle 15 en Douglas “a los huevitos”, parte a donde yo jamás había asistido por lo cual ignoraba de que se trataba, pues por los tiempos difíciles no era como hoy en día en que casi todos los niños esperan el amanecer del domingo para ver que les trajo la coneja, es decir un regalo y aparte una canasta llena de dul- ces en forma de huevo.
Total que ignorando cual era el fin de acudir al citado parque, al fin niño acepté la invitación, por lo que recuerdo como si fuera ayer que bricamos la línea divisoria y después de buen rato de caminar llegamos al parque donde se dejaban ver poco más de 200 niños que esperaban algo que yo ignoraba, por lo que luego de corta estancia nos formaron a todos dando la cara hacia la salida del sol notando de inmediato que todos estaban pendientes de al parecer una señal de arranque, así como en las carreras y el muy pendejo, ahora yo, en lugar de preguntar el porqué de ello y como chango ve chango hace, pues me puse en la misma posición y al tiempo que en señal de Santiago dejaron caer una banderola, vi que todos salieron en chinga corriendo y claro, pos yo también, sólo que miraba que muchos se agachaban cuando pasaban junto a cierta rama, a lo que yo no daba importancia, dado que pensaba que ganaría quien llegara primero a cierta meta, por cierto hasta yo por ir adelante y ver que me seguían dos o tres niños, me creía el más ligero.
Pero al final, cuando vi que uno de los niños que me seguían se agachó sobre un matorral y sacó unas bolsitas con dulces y huevitos, ahí se me prendió la luz, comprendí porque todos habían quedado atrás, pues buscaban dulces y yo, el más pendejo, creyéndome el más ligero. Hasta ya al final y fuera del parque, se puede decir, paré de correr y me aventé raudo y presuroso a buscar bolsitas, siendo al final que sólo y de puro milagro logré encontrar una o dos, y lo peor, lo que más me ardía, fue que hasta mis amigos salieron bien cargados. Esa fue mi primera corrida de Pascua. En verdad es bonito recoger pasajes de la vida misma y más de aquella tierna infancia, lo que invita a musitar un ¡¡OH TÉMPORE, OH TÉMPORE…!!
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Octubre 28, 2011
EL RECORDADO EQUIPO DE PILARES
EN LOS AÑOS 40's
No cabe duda que cuando ya está uno camino a terminar con las últimas páginas del libro de la vida, no deja de recordar aquellos tiempos que fueron nuestros, aquellos alegres años que para nosotros eran color de rosa, pues las pocas preocupaciones lo eran quizás sólo por escasez de dinero en nuestros bolsillos pero jamás imaginábamos que a esa dorada edad apenas empezábamos a subir el primer escalón de esta muy bonita vida, pero tan llena de problemas.
Por ello quizás cada vez que cae en mis manos una foto de aquellos años me lleno de alegría y claro me pongo a recapitular lo más bonito de lo que entonces nos sucedía, cuando allá a principios de los años 40's y claro desde antes el ya desaparecido mineral de Pilares de Nacozari sonaba bien fuerte y más su juventud que si en algo se distinguía lo era en la unidad reinante y especialmente en sus rumbosos bailes que se llevaban a cabo en el gimnasio, si mal no recuerdo, o Club Deportivo como le llamaban, donde la juventud pilarense le daba a esos bailes un toque muy especial pues tal parece los jóvenes se ponían de acuerdo para al asistir hacerlo de traje entero, como solíamos llamarle, pero eso si todos eran del mismo tono, ya fuera color negro, plomo, azul, etc., pero si bien recuerdo que todo era uniforme, por ello se les distinguía como elegantes en su forma de vestir, con trajes o “tacuches” hechos sobre medida confeccionados en la sastrería del “Maistro” Corona.
Fue en los años 1942 a 1945, cuando quien esto escribe trabajaba en el Servicio Postal Mexicano (Correos), con el alto puesto de Auxiliar de Tercera y envidiable sueldo de 114 pesos mensuales, mismos que por descuentos de si o por no, a la quincena se reducían a 48 pesos, los cuales en una u otra forma, al querer y no, los hacíamos alcanzar.
No fueron muchas pero si en un par de ocasiones que jóvenes de la misma plebe, que nos juntábamos a ponernos como bobitos o arañitas fliteadas, al escuchar sobre lo bonito de los bailes de fin de año que se festejaban en ese mineral el día 31 de diciembre, agarrábamos monte hacia esos lares, ya que había corrida diaria entre tren y autovía. Ya una vez allá, en espera de que principiara el baile en el gimnasio, nos metíamos a la cantina de “El Veneno”, claro para tirarle a la amanecida, pues ya muy tempranito nos dejábamos venir desde Nacozari en el tren, para ya en Agua Prieta seguirle poniendo duro a la mexicana alegría.
Ya en punto y aparte, recuerdo que Pilares siempre se distinguía por la alta calidad del básquetbol que sus jóvenes jugaban, llegando a ser catalogados como uno de los mejores equipos del Estado, por ello me di a la tarea de buscar una persona que tuviera una foto del llamado equipo “Indios de Pilares” la cual publicamos en esta ocasión para que los viejos pilarenses recreen sus pupilas.
Por cierto que de las muchas anécdotas de los que aparecen en la misma se pueden publicar, existe una media chusca en la cual los principales actores fueron Bernardo “Nalo” Arenas, viejo conocido nuestro ya fallecido, quien por muchos años trabajó como jefe de electricistas de la Compañía de Luz y Fuerza, de la cual era gerente el señor Ángel Moreno; Leobardo Mange, aguapretense que residió muchos años en el citado mineral y Beto Gracia, quien fuera encargado de la máquina de bombeo. Pues bien, cierto día en que a Leobardo Mange se le calentó la ampolla por venir a esta ciudad a ver viejos amores, se alcanzó la puntada de acercarse al Beto García, a quien le dijo: “Sabes qué, quiero ir para Agua Prieta, por qué no me ayudas a vacilar al “Nalo” Arenas (quien era capitán del equipo), lo hacemos con una falsa llamado del teléfono que tienes aquí en tu departamento, haciéndole saber que es Tomás Enrique “Chito” León mánager del equipo Comerciales, quien habla pidiendo que vayamos a jugar a Agua Prieta”. Claro que como el Beto García era risueño y luego haciéndole cosquillas, para más que pronto contestó con un “Sopas, ya vas Barrabás” y para más que ya marcó el número telefónico del departamento del “Nalo” y fingiendo la voz dijo: “Muy buenos días señor, me puede comunicar con el señor Bernardo Arenas”, recibiendo como contestación: “Con él habla”. “Bueno –le dijo el Beto- sabe señor Arenas, quiero invitarlo a nombre del equipo de básquetbol Comerciales, para ver si es posible puedan venir a Agua Prieta a sostener un encuentro amistoso de básquetbol”. “Claro que sí, con mucho gusto lo haremos, por ahí estaremos el domingo muy temprano”, contestó Nalo.
Tal como sucedió y fue así cuando se presentaron ante “El Chito” León, que claro fue el más sorprendido, pues él no había llamado, pero de cualquier manera les dijo: “Ya están aquí y ahora jugamos, sólo que voy a juntar a los muchachos y con la ayuda de ustedes vamos a la cancha a quitar todo el quelite y a darle una emparejadita y listos pa'l baile, nos damos el entre”. Cabe hacer notar que dicha cancha se encontraba en la calle 3 avenida 4, donde actualmente está el edificio de Elektra y se jugaba en un piso de tierra bien emparejadito, al contrario del de Pilares, del cual se dice que por ser americanos los dueños de la mina, en ese gimnasio si no fue el primero si fue el segundo o tercero que a nivel nacional contara con piso de duela.
Ya para no enfadarlos, les voy a narrar que lo único que no me gustó de Pilares fue los escusados colectivos, mismos que consistían en una casa de lámina con piso de cemento y casi pegado a la pared, a una distancia digamos de 24 pulgadas de altura, se encontraba construido un pequeño cordón de 6 pulgadas de alto por 6 de ancho y por entre cordón y pared corría fuertemente el agua bombeada de la mina, misma que se llevaba todo el excremento que ahí caía, pues ahí no se hacía cola, llegaba uno, se bajaba los de manta y como las gallinas se encaramaba de aguilita y vámonos a pajosear codo con codo con el vecino y claro, cuidando de mantener el equilibrio para no caer y que el agua jalara con uno mismo.
Esos eran los llamados escusados de agua en los cuales no había privacidad alguna, pero de cualquier manera al no haber de otra sopa, agüelita de cartón y que conste, ya existía aquel dicho de “que no hay cosa más fea que estar cagando y que lo estén viendo”.
Ahora lector, aquí les damos a conocer a quienes fueron integrantes de aquel equipo Indios de Pilares, que algunos viejos residentes de Agua Prieta o quienes fueron sus descendientes podrán identificar. De izquierda a derecha, en cuclillas o semisentados: “Nene” Rivera, Fausto Sánchez, Carlos Moreno Preciado; Tomás Rivera, hermano de aquel famoso boxeador “Pantera” Rivera y Guillermo Peralta. Parados en el mismo orden: Leobardo Mange, Humberto “El Mudo” Moreno, Benjamín “Chamín” Peralta, José María “Chacho” Peralta y Bernardo “Nalo” Arenas. La foto data del año 1943, ¿no crees lector que durante estos 68 años ha pasado mucha agua bajo el puente?, de todos modos esta foto invita a exclamar un ¡¡OH TÉMPORE…!!.
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Octubre 21, 2011
LA ÉLITE AGUAPRETENSE DE LOS AÑOS 50'S
Bien que recuerdo aquel 28 de noviembre del ya lejano año de 1948, cuando después de haber sido contratado en Mexicali, Baja California, para ir a trabajar a los campos agrícolas del estado de California, allá por Woodard en la pizca del tomate; en Merryville y Yuba City en la pizca de durazno y ciruela: en Colusa y Sycamore en el desaije del betabel, escarda, riego y recolección de semilla de melón, sandía, calabaza, etc., y ya una vez cumplido el contrato, como que vámonos pa' fuera dijeron los gabachos.
Claro que salí un poco rayadito de centavos y para amanarme de las muchas “hambreadas” que había sufrido por Baja California, en venganza me dirigí a Ensenada, Tijuana y Mexicali, donde me puse un santo pedorrón que ya lo quisiera “El Tiburón” Olivares, para después agarrar monte para mi querida tierra, a donde llegué con las mismas ansias de ponerme hasta las chanclas, para lo que claro, allá por “La Pagoda” del “Bizco” Arévalo no batallé mucho para ello.
Así pues, transcurrieron los últimos días de ese año, llegando por fin el 31 de Diciembre, día en que a cambio de 30 pesos entré a trabajar de mesero, en esa última noche del citado año, en el llamado Casino de Agua Prieta, de ahí pa'l rial mi trabajo en ese lugar fue constante, bueno, si así se le puede decir, ya que los bailes en ese casino, cueva de la mejor sociedad no eran frecuentes, sino solamente en días festivos, bodas, quinceañeras, entonces por tener nuestro pueblo entre 12 y 15 mil habitantes, donde bien se podía distinguir quienes pertenecían a la clase humilde, media y alta, siendo estos últimos quienes tenían por exclusividad el uso del citado casino, ya que para ello deberían ser socios, y claro como sucede en cualquier parte, no podían descartarse a los “colados” que no pueden faltar.
Obvio es decir que por ser los bailes rumbosos, tanto damas como caballeros lucían sus mejores galas, en un baile que por ser todos socios más bien parecía ser un baile familiar ya que en los 24 años que ahí trabajé como mesero, no me tocó presenciar un solo pleito, es decir que después de breve alegata llegaran a las manos.
Recuerdo que para mediados de la década de los 50's nos aumentaron el salario en los bailes, de 30 a 50 pesos, así era de tensa la situación que no aguantábamos un tremendo cañonazo de 50 pesos para trabajar esa gran noche, en lugar de andar repartiendo abrazos como si fueran programas de barata allá en el baile de “La Toña, “El Azteca”, “La Paloma” y claro el preferido “La Pagoda”. Recuerdo que una botella de whisky americano, digamos “Canadian” con todo el servicio costaba 100 pesos y si preferían del escocés pues el costo era más alto, 120 pesos y claro, y para terminar el baile, como a las 3:00 de la mañana, por el mismo precio se servía un suculento menudo con pata.
▲Ahí vemos en el No. 1 al Sr. Enríquez, que por muchos años fue gerente de la Compañía de Luz y Fuerza en esta ciudad. 2.- Angelón Villalobos. 3.- Señor Durazo. 4.- Eduardo Amavizca. 5.- Manuel “El Loco” Véjar. 7.- “Miguelín” Lajam. 8.- Jhonny Hugs. 9.- Carlos Amarillas. 10.- “Chato” Lovio. 11.- Alejandro “Chapulín” Cruz. 12.- “El Conejo” Margaillán. 13.- Señor Meza. 14.- Guillermo Ruiz. 15.- Enrique “Callejas” Arvayo. 16.- Pancho Rivera. 17.- Ignacio Proaño. 18.- Juan “El Tijuana” Velásquez. 19.- Francisco Durazo. 20.- Rubén Grijalva. 21.- Guadalupe Flores. 22.- Señor Vidal de Cananea y 23 el Licenciado Tinoco.
Claro que recuerdo a mis clientes preferidos que por mi servicio, el cual me esmeré siempre en brindar, ya que en cada parada o tanda, mientras ellos bailaban yo les sacudía el mantel de la mesa, ponía ceniceros limpios, hielo y vasos, total que al volver a sentarse aquella mesa rechinaba de limpia, con lo cual obviamente les obligaba en cierta forma a ser generosos.
Recuerdo que mis 100 pesitos de propina no me fallaban de parte de quien fuera mi gran amigo Paulino Prieto Sánchez, asimismo de Carlos Munguía Rodríguez, Ernesto Ayala Brown, Luis Córdova y Jesús Terán Terán, con ellos ya la propina era jugosa. También recuerdo a don J. F. Durazo, quien nos daba 10 centavos oro de propina, mismos que manoteábamos pues los tiempos no eran para menos, asimismo había clientes que ni para los cacahuates de Melchor dejaban.
Un detalle que nos caía a toda madre era que Rafael Munguía, encargado de la cantina, que nos decía: “El mesero que venda 3 mil pesos, a la hora que los venda puede ir a la barra a ponerse como bobito”. Fácil pues estaba en aquellos años vender 30 botellas de whisky. Ese era el Casino de Agua Prieta, centro de la élite social de nuestra ciudad.
Cabe mencionar que en los bailes de boda la membresía de socio no era regla, sólo bastaba presentar la invitación y fue en uno de esos también rumbosos enlaces matrimoniales que se tomó la foto que en esta ocasión presentamos, la cual hará suspirar “jondo” y profundo a más de cuatro venerables bisabuelos o a los descendientes de muchos de los personajes que aquí aparecen y que ya descansan bajo la sombra del Señor.
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Octubre 14, 2011
El estadio “Antonio B. Loreto” su historia y su nombre….
En esta ocasión y escudriñando el viejo baúl de los recuerdos me encontré esta foto que me llevó a remontarme a un cúmulo de acontecimientos, entre ellos cuando allá por los años 30's ahí en las calles 2 y 3 avenida 5 jugábamos el clásico beisbol callejero con varios amigos de aquellos tiempos, entre ellos el popular “Chichí” Loreto o sea Antonio Berthelemy Loreto, cuyo nombre lleva el estadio de beisbol ubicado al costado sur del cementerio municipal, lo que me lleva a recordar a aquellos hombres que sin buscar loas se abocaron sin más herramientas que un corazón henchido de un amor desmedido al deporte, a construir un campo deportivo para la práctica del beisbol, mismo que un mañana sus nietos y bisnietos en ese mismo campo cada vez que lo pisen sentirán en la planta de sus pies señales que sus padres desde el más allá les harán llegar a manera de un: “Que bien hijo mío, es tu campo”, voz o sentir de Ricardo Fimbres, Benito Laborín Ayón y “Guty” González Baz.
Para ello retrocederé, sin mencionar fecha exacta, dentro de los años 1973 o 1974, tal como sucede cuando se lleva a cabo una obra de tal o cual trascendencia a través de los años, como fue el caso del estadio, que desde el desmonte y hasta dejarlo en condiciones de jugar en él, construyeron Fimbres, Laborín y González Baz, es ahí cuando todos y cada uno de nosotros nos adjudicamos méritos de sobra para que con toda la justicia y por haber sido parte activa y principal, a manera de que nuestro nombre perdure, buscamos mil y una forma de llegar a ello, siendo pues en aquellos tiempos autores sobraban, por lo que se inició una serie de inconformidades y la natural polémica, aprobando y desaprobando nombres pero sin llegar a un acuerdo en general, sólo que todo tiene solución, siendo por aquel entonces que Antonio Palomares Nieblas arribó a esta ciudad, para mediante su semanario La Verdad de Agua Prieta, entrar en polémica con el Semanario El Sol, por lo que tanto en uno como en otro se dejaban ver diferentes opiniones, sugerencias, vivas y vaya que reales, de quienes con hechos podrían ganarse el derecho a ser nominados a tan trascendente distinción, sólo que por entonces Palomares, contando con una más que temprana edad, capacidad, repertorio apto para santos y no, lo que le valió el obtener una penetración no sólo local sino regional y luego aunado a él el tremendo “Flaco” Víctor Lagarda y el por hoy reconocido periodista allá en Nogales, Jorge Curlango, ellos mediante auscultación general, proponiendo nombres de honorables y capacitadas personas, sin dejar por un lado su amor e impulso al deporte, llegaron al cómputo final en el que participaron quienes emitieron opiniones de peso, siendo ahí donde se llegó al acuerdo de que tomando en cuenta la vida social, política, impulso al deporte, aportación de artículos deportivos a quienes no los tenían por carencias económicas y aunado a ello su paso por nuestra administración municipal, donde a la vez de dejar una hacienda saneada y obras que hablaban por si solas, sobra mencionar que se llegó a la conclusión de que el estadio llevara por nombre Antonio B. Loreto.
Hoy presentamos la foto de la flamante ceremonia en la que le fue impuesto el nombre del “Chichí” Loreto al estadio mencionado, para así comprobar que las mismas no mienten y a la vez musitar un melancólico y prolongado ¡¡OOH TÉEMPOREE!!.
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Octubre 7, 2011
LA INOLVIDABLE BRIGADA
VAQUERA DEL AYER
Tal como en la edición pasada les estaba contando de las mil y un aventuras de Humberto “El Ciego” Valdez, allá en Cananea, sería largo contar las demás anécdotas de dicho personaje, principiando en que siendo éste de muy escasas pulgas, cuando se enfrascaba en tal o cual discusión, para más que pronto como llamando a la cordura y en plena armonía, a manera de invitación les decía: “Bueno, tal como quieras arreglar el asunto, el cual puede ser amistosamente a chingazos”.
Poco después contrajo amistad con “El Chemy” Juvera y Pancho Fonseca, dos jóvenes enamorados del amor, así que ya en trío ellos se gritaban aquello que dice el Obed Madrid: “Sueño quisiera tener que dormir con quien me sobra”, y vaya que era una realidad. Con Beto siempre llevé una sincera amistad dentro del grupo del “Químico” Bernal, Héctor “Bartolo” León, Jesús Campaña y varios más que por el momento no recuerdo, dejando de mirarnos cuando traspasé mi cantina denominada “Chery's Club”.
Al entrar la empresa Transportes Norte de Sonora en toda su potencia, Beto y Arnulfo negociaron sus concesiones para de ahí pasar a administrar el rancho que poseían por rumbos de la sierra bavispeña. Después un triste suceso, el fallecimiento de su hermano Arnulfo vino a impactarle fuertemente y al parecer dejó por la paz el negocio del rancho, posteriormente sufrió un largo mal, que gracias a su fortaleza física logró superarlo en un 90%, por lo que posteriormente se trasladó a residir a Douglas, Arizona en compañía de sus hijos.
Pasamos enseguida a identificar a quien aparece en el número 6, que viene siendo hasta donde yo recuerdo, un aguapretense de aquellos años 20's, 30's y 40's, hermano o primo de Miguel Samaniego, a quien mejor conocíamos con el remoquete de “El Bachas”, quien residía en calle 8 avenida 5, donde con su familia vivió el jovenazo Miguel Samaniego, a quien apodábamos “El Ronco”, quien por aquellos tiempos zapateaba con ganas la duela de los salones de baile como “La Paloma”, “La Toña” y “El Azteca”, a quien de repente perdimos de vista.
Olvidaba mencionar que al igual que a Alejo Milton, las chamacas le llamaban como “El Venado Negro de Chinapa”, un adonis odiado por los hombres y super adorado por las mujeres, sólo que de repente éste desapareció del mapa Bachicuy por varios años, pero tal como sucede cuando acontece, por aquellos años de 1946 se me paró la cola, y claro me dio por arrancar en busca de la tierra prometida allá por rumbos de la Baja California, Mexicali, Tecate, Tijuana y Ensenada, siendo en Tijuana donde pensé que así como Ana Gabriela Guevara ganó varios lingotes de oro ganando carreras de 400 metros, yo iba a manotear trabajando eso y mucho más de ese metal que solamente nuestro Rey Midas o el ruco David Figueroa agarra a paladas en sus minas, por lo que en compañía de quien fuera mi gran amigo, Ramón “Loco” Varela, agarré para la Alta California, Sacramento, Colusa, Merysville, Yuba City y demás, a coger dólares a lo pendejo trabajando al precio de un dólar por hora, así también en la pizca de durazno, ciruela y demás que nos pagaban a 15 centavos por cada super bote con sabor con carácter como la cheve Tecate, sólo que un día, cuando ya tenía reunidos unos 400 o 500 dólares, se me subió a la cabeza el comprarme un carrito regular, por lo que agarrando un fin de semana, sin tomar en cuenta el calendario americano, así a lo pendejo como soy, un viernes por la tarde me subí al camión con destino a Sacramento, a donde llegué algo tarde, por lo que encontré las yardas cerradas, lo que me valió, pues me dije, mañana sábado compro mi carrito y listo, sólo que por no saber si el día salteado por lo del Labor Day era sábado o lunes, fui y me metí a un cine de permanencia voluntaria o sea que no cerraba en toda la noche, así fue que el domingo me la llevé de turista, pero ya el lunes al ver que todo seguía cerrado, me fuí a una cantina que si no me equivoco quedaba por la calle 2 y era una de las de refuego de nombre Las Olas Altas, donde comencé pa' más que pronto a entrarle al pisto durante todo el día, donde al pasar de las 12:00 de la noche, tomando en cuenta que los gringos son muy derechos y no me vendían cheve ni pisto puro, pero eso si sodas en vaso, pero de sabor raro, pues sabían a whisky, donde así como a la 1:00 de la mañana sentí que me abrazaban y me decían: “Quiúbo pinche Chery, qué andas haciendo por aquí”, siendo éste “El Ronco” Samaniego, quien ya en plática me hizo saber que trabajaba como cantinero, así que ya sabrás lector, me puse como “El Tiburón” Olivares, hasta la aleta, siendo el martes cuando a lo mucho me quedaban como unos 50 dólares, agarré monte para atrás, sin carro y sin lana, pero lo bailado, quién me lo quitaba.
Ya en el número 7 aparece Joaquín Núñez, quien fuera un hombre sumamente respetuoso al cien por ciento, a quien conocí y aprecié totalmente desde los años 30's, en compañía de su estimada y ya fallecida familia, don Policarpio, su respetable señor padre, así como sus hermanos Beatriz, Lydia, Idalia, Adalberto “El Chapo” y Walterio.
Joaquín contrajo matrimonio con la estimada y muy querida maestra, Dorita Bencomo, con quien integró un matrimonio pleno de felicidad, hasta que el destino marcó el día en que tanto amor y dulzura desaparecieran por un doloroso caso que por hoy y siempre callaré, al comprender que hacerlo de nuevo abriría una sangrante herida en el corazón de doña Dorita e hijos, a quienes pido me perdonen, pero si les juro que tan duro caso aún resuena en mi memoria y más cuando se suscitó un 24 de diciembre.
Dios les bendiga y puedan perdonarme y por esta vez no me queda más que musitar un nostálgico ¡¡Oh Témpore..!!.
Oh Témpore...
Jossé "Chery" Noriega
Septiembre 30, 2011
EL BOX, LOS HERMANOS VALDEZ Y LOS MADRAZOS
Continuando con la foto de los chavos de aquellos años que aparecen participando en un bailable en el ya desaparecido Cine Sonora, pasamos al número 5, donde caray, invita a agarrar piedras por el hecho de narrar las mil y una noches de mi gran y muy estimado amigo Humberto Valdez Meza a quien mejor conocemos con el remoquete de “El Ciego” y digo conocemos porque se puede afirmar que quien no conoce al “Ciego” no conoce Agua Prieta, por ser uno de los personajes más representativos de la región, sobre todo como pionero del transporte de pasajeros.
La Familia Valdez llegó procedente de Granados, Sonora, conformada por sus padres don Manuel y señora esposa y sus hijos Manuel, Beto, Arnulfo, Armida, Tano, Roque, César y Armando, quienes allá por los años 30's residían en la calle 4 avenida 10. Qué decir de ellos, eran en extremo de pocas pulgas y por si fuera poco más que regulares para los pleitos callejeros, en especial “El Ciego” y “El Tano”.
Recuerdo que allá por los años 30's, cuando Martín Burgueño organizaba semanalmente peleas de box en el entonces Hotel Moderno, que viene siendo un edificio de dos pisos enclavado en la calle 4, entre avenidas Panamericana y 4, siendo en esa arena donde se suscitó la muerte del púgil Joe Buridan a manos del mazatleco “Kid Roberto”; lugar donde peleó Ramón Covarrubias, padre de Jaime Pequinino Covarrubias, quien durante muchos años fue secretario del PRI; así como también Albino “Patas Cortas” Núñez, Raúl Franco, mi hermano Alberto Noriega Durazo y “El Batling Beto”, padre del “Kinky” Alvarado.
Por aquellos años y siendo yo un chamaco, Beto Valdez peleó con un chamaco mudito se puede decir en un 90% y no bien sonó la campana “El Ciego” salió encabronado y pa' más que pronto lo tendió en la lona y dado que el mudito no podía hablar sino más bien balbuceaba ciertas palabras, todo el público agarraba patada cuando éste debido a la chinga sólo podía balbucear y en voz alta: “Eetoo, eto inya a malle, eto eto, inya a malle”.
Más como por aquellos años esta ya centenaria ciudad estaba más piojosa que hoy, la familia Valdez optó por pasar a residir a le vecina ciudad de Cananea y vaya que ya ahí y risueños como eran, tal parecía les hacían cosquillas y tal como suele pasar cuando sucede una vez en confianza tanto “El Ciego” como “El Tano”, Arnulfo y Armando comenzaron a darse a conocer por su decidido amor por los pleitos, por lo que no faltaron otros de la misma calaña que se unieron a ellos, entre los cuales figuraban “El Panchón” Cornejo; Eduardo Durazo, padre de Los Apson Pancho y Arturo; “El Kikón” Portillo, Ramón Covarrubias y otros más que escapan a la memoria, quienes amantes al 100% de las broncas callejeras establecieron su cuartel en una cantina ubicada en “El Ronquillo” como se le llama al centro del vecino mineral, cantina a la cual irías una vez pero volvías madre por la chinga que te arrimaban.
Sólo que como suele suceder, hay algo que echa todo por tierra, siendo en una ocasión que los antes citados se pusieron hasta las manitas y como eran los reyes de los chingazos, en una de sus muy “bonitas” puntadas acordaron anotar los nombres de todos y cada uno de ellos, para así siguiendo el orden del uno en adelante, el que tenía el número uno le tocaba agarrar a chingazos al primer cliente que entrara, esto sin averiguar porqué, ya enseguida le tocaba al segundo lugar y sin más ni más partirle la madre al segundo cliente, así siguieron tumbando caña hasta que por el número 6 estaba el nombre del “Panchón” Cornejo, un hombre bien cabrón para los chingazos, de más de 6 pies de alto y 250 libras de peso, quien le tocaba partirle la madre al sexto cliente, siendo cuando llegó un joven de unos 5 pies y medio de estatura y de unas 150 libras de peso, al cual el Panchón lo manoteó de volada y le cantó que por regla le iba a partir la madre, por lo cual el joven se defendió con mil palabras, mismas que el Panchón no entendió, sólo que a las primeras de cambio el cabrón chapito al que conocían con el mote de “El Rayado”, se soltó como diablo echando chingazos para todos lados hasta que dejó al Panchón haciendo la meme en el piso y de ahí pa'l rial.
Pero por esta vez se acabó el espacio, quedándome sólo el musitar un nostágico ¡¡Oh Témpore, Oh Témpore!!.
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Septiembre 23, 2011
Los que falta homenajear de aquellos inolvidables años
Deveras que en ocasiones en que ciertos jóvenes de hoy en día que ya están sintiendo los “rasguños” de la próxima segunda edad, misma que con pies de gato, en forma por demás sutil les empieza a llegar, ellos sin sentir aparentemente cambio alguno en su estructura física de repente se dan cuenta que al tiempo que por así decir comienzan a notar cambios lógicos y naturales en sus hijos, es cuando de cierta manera les nace la inquietud de mirarse en el espejo de forma natural, sin arreglo o maquillaje alguno se acercan al cristal, que viene siendo la sinceridad misma, el cual si tu bien perfumadito o convertido en un verdadero muñequito por haber dado un giro de 180 o de 360 grados, que a bien tuvieron hacerte en la sala de belleza los deja ver riquis, riquis, para ya al otro día al despertar por la mañana, ojerosos, greñudos, lagañosos y crudos, es ahí donde el espejo les refleja la gran verdad, misma que los invita a exclamar, ¡¡ah cabrón!!, la neta no me había dado cuenta sobre lo ruco que estoy….
Es cuando al igual que éste pinche viejo loco que vive de puros recuerdos, de ahí pa'delante entablan pláticas sobre los hechos de un muy lejano momento agradable del ayer. Pero para dejarnos de asuntos tristes, pasaremos a otra cosa policromada y bella mariposa, para ver si así puedo quitarle la costumbre al Satánico Omar, quien cuando más encarrerado y emocionado voy, me pone tremendo tapatrompa y dice, teiquirisi, teiquirisi, por ello retomo el tema que dejé pendiente en la edición anterior, donde les venía mencionando a Benito Laborín, un hombre que a decir verdad destacó aquí en lo que bien podemos llamarle su tierra adoptiva, dado que desde aquellos lejanos años de 1924, 1925 y 1926, procedentes de Granados, Sonora, de ahí pasaron a residir a la Colonia Morelos y posteriormente a esta entonces comisaría, la que fuera muy querida familia Laborín Ayón conformada por don Evaristo y doña Catalina y sus hijos Xóchitl, Tizoc, Benito, Roca, Brissa y Evaristo, todos quienes por hoy descansan bajo la sombra del Señor, siendo Benito quien desde temprana edad se dedicó a practicar el deporte de su preferencia, el básquetbol, y cuando vio disminuidas sus capacidades se convirtió en uno de los más fieles impulsores del deporte, sirviendo al frente sin importarle sacrificar horas de amena convivencia con su familia o el descanso después de su ardua tarea en la fundición de Douglas y tal como lo he repetido hasta el cansancio, en un acto único, en compañía de otros dos personajes de corazón por el que sólo corre la sangre deportiva, Ricardo Fimbres, mejor conocido con el mote de “El Forito” y “Guty” González Baz, quienes en madrugadas, atardeceres y días libres a golpe de pala, pico, rastrillo y manos lastimadas, se dieron a la más que noble cuan hermosa tarea de laborar por espacio de largos meses en lo que fue el inicio de la construcción del estadio de beisbol, mismo que a sugerencia de ellos lleva el nombre de un hombre a la par impulsor y deportista, Antonio “El Chichí” Loreto.
A “Guty” con toda la justicia del mundo se le rindió un más que merecido homenaje al ponerle su nombre al gimnasio municipal, quedando pendientes los respectivos reconocimientos a Benito Laborín y Ricardo Fimbres, algo que se antoja difícil más no imposible, dado que nuestras nuevas generaciones de hoy y mañana es bien poco o casi nada lo que saben sobre los casos y las cosas del ayer y claro, es fácil no adivinar sino estar en lo cierto que menos habrá quien insista en hacerles honores a quienes honores merecen, cuando el pinche viejo loco que sólo vive de recuerdos ya repose bajo un par de toneladas de tierra santa del panteón Jardines de Cristo Rey, y a la vez adornada con chorros y más chorros de orines con los que riegan una tumba cientos de amigos míos, quienes en plena cara sin dejar de esbozar una sonrisa muy seguido me lo cantan, a quienes desde ya les ruego que el día que lleven a cabo tan noble cuan bello propósito les diré: “Déjenme las flores y llévense las espinas…”.
Prosiguiendo con los personajes que aparecen en la foto, en el número 4 posó quien fuera un hombre super popular por su siempre alegre carácter y su amable manera de ser con quienes en suerte conquistaron y claro disfrutaron su más que sincera amistad, Miguel López, a quien amistades suyas de aquellos años 40's y 50's, creo que todos los que lo conocimos y tratamos a fondo ignoramos el porqué le acomodaron el mote de “El Tacuachi”, quien contrajo matrimonio con una bella señorita de nombre Luz Velásquez, quien venia siendo hermana de Aurelio, Florenctino y Luchy, procreando varios hijos, recordando solo a los de nombre Juan y Miguel, ya que el de ellas en forma involuntaria escapan a la memoria.
Si mi memoria no me falla, recuerdo que a mediados o fines de los años 30's, por la calle 2 entre avenidas 7 y 8, tenía instalado su taller un señor de nombre Chuchi Castro, a quien por aquellos años se le catalogaba como el más capacitado mecánico automotriz local, que resistiendo los embates de los tiempos todavía permanecía en pie y más que derechito y cuando Miguel contrajo matrimonio no sé si compró o rentó la mayor parte noroeste del edificio que albergara el ya citado Cine Sonora que fue consumido por las llamas y su vivienda se dejaba ver al costado norte del garaje, siendo por los primeros años de los 50's cuando en el costado Este del mismo edificio establecí mi cantina llamada “Chery's Place”, tocándome por largo tiempo convivir con Miguel o sea “El Tacuachi”, con quien jamás tuve problema alguno, ya que hasta donde lo traté siempre compartimos buenos momentos.
Por esta ocasión el espacio se terminó, por lo que sólo me queda volver la vista atrás y reclinarme en mullido sillón y exclamar un ¡¡OH TÉMPORE…!!.
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Septiembre 16, 2011
El Mulato” Samaniego, “Beni” Laborín y la primera liga de beis amateur de Agua Prieta…
Precisamente cuando me disponía a proseguir con la historia de los personajes que aparecen en la presente foto recibí una llamada de Jesús Varela Osorio, un gran amigo y residente de esta ciudad allá cuando corrían los años 30's, en compañía de sus padres don Jesús y doña Leonor y sus hermanos Bernardo, Ramón, María y Corina. Don Jesús por aquellos años era experto electricista y aparte un hombre folklórico al 100%, autor de miles de ocurrencias que todos los que le escuchaban le festejaban.
Sólo a manera de referencia para los pocos aguapretenses del ayer que les tocó conocer al Dr. Manuel Calderón Vargas, de quien se puede decir serían escasos los que de milagro le miraron exhibir cierta sonrisa pues era serio en grado superlativo el hombre, en cambio, dado que su residencia y consultorio se ubicaban frente a nuestro domicilio, en varias ocasiones que el doctor ocupaba a don Jesús en servicios eléctricos, ellos sí le festejaban cada ocurrencia.
Más adelante, don Jesús en compañía de Abelardo Durón y mi hermano Chalito Noriega, por aquellos años medios de los 30's estudiaron en la Escuela Normal de Ures, Sonora, y vaya que ni uno de ellos ejerció el magisterio. Jesús fue un aguapretense que jamás olvidó a su gente o paisanos y bien recuerdo que por el año de 1946 cuando todos los aguapretenses veíamos en Mexicali, Baja California, la tierra prometida y dado que éramos varios, Jesús en un acto de solidaridad con los suyos construyó en el patio de su residencia ubicada contra esquina del Mercado Municipal en la avenida Obregón No. 831, un amplio cuarto acondicionado con literas, donde nos dio hospedaje a no menos de 20 paisanos, entre ellos Guillermo “El Güilo” Arzate, Tony Enríquez, Carmelo Green, Beto Zavala, “El Manzanita”, Poncho Sánchez, “El Chery” y demás, por ello en ocasiones que quien figura en la foto con el No. 1, Alfonso Jaime, cada vez que me habla por teléfono me hace saber que vendrán a visitarme, las por decir leyendas Bachicuy, Jesús Varela Osorio, Armando “El Burro” Carrazco y Alfonso Jaime, lo que le platiqué a Jesús, quien me aseguró que a pesar de su avanzada edad aun suspira por visitar su tierra.
Prosiguiendo con la presente foto, en el No. 2 identificamos a Conrado “Mulato” Samaniego, quien fuera un joven popular dado su permanente alegre humor, bromista a más no poder pero pleitista para quien le buscara, quien siempre se desempeñó como chofer de camiones de carga pesada, los cuales llamábamos troques o trocas. Bien recuerdo que ahí en el local que ocupara el ya desaparecido Mercado de Trini Monge, en calle 5 avenidas 4 y 5, la señora madre de Conrado, a quien popularmente se le llamaba Lola Madero, tenía un restaurante cuyo platillo especial venía siendo el menudo, ello me remonta a cuando yo trabajaba de cartero en el Servicio Postal Mexicano o Correos como coloquialmente se le mencionaba, y el día 15 o el último de cada mes rayábamos, yo sin maderearme recibía 48 pesotes, sí señores, 48 pesos quincenales, de esos que la gente de hoy, sin haber vivido aquellas experiencias con sólo escuchar a los viejos dice que por aquel entonces el dinero sí valía, y vaya si a mí no me rendía, pues una quincena era para mi querida madrecita y la otra pa' mis güesitos, por lo que retomando lo líneas arriba comentado no bien llegaba la hora de salida a una sola voz decíamos: “Juímonos a tragar menudo a la fonda de la Lola Madero” donde comenzaban los pujidos, puesto que un plato, no un platillo como los de hoy, bien servido hasta el copete, al preguntar el precio nos decían: El plato de menudo con pata cuesta 50 centavos y sin pata 40 centavos, asimismo los tacos, pero tacos que más bien parecían tacos de billar, su precio era de un peso 20 centavos la docena.
Conrado “Mulato” Samaniego venía siendo hermano de Jesús “El Chury” Samaniego, quien residió en Cananea hasta el último día de su vida, quien a la vez que por muchos años fungió como promotor de box y beisbol como dueño de los Mineros de Cananea, fue propietario de los principales y más elegantes bares de la ciudad como El Bohemia Club y El Patio Bar y del centro nocturno denominado El Chez Amí. Del “Mulato” dejé de saber ya que emigró hacia otros lares y hasta no verte Jesús mío.
Pasamos a dar a conocer a quien aparece en el número 3, Benito Laborín Ayón un hombre de carácter siempre amable, que tenía un don que jamás de los jamases pudieron imitarle, ya que era una gracia si así se le puede llamar, ya que con el sólo hecho de que éste soltara una de a devis carcajada llena de risa, era de tal forma alegre cual contagiosa que al escucharla hasta sin quererlo comenzabas a reír, lo cual lo pueden constatar quienes con él convivieron, puesto que se decía, claro que a manera de broma, que si éste acudiera a un velorio y por tal o cual detalle se le antojara soltar esa clase de carcajada, hasta ahí duraba la tristeza de dicho velorio.
A Benito se le recuerda por haber sido un hombre dedicado con amor y pasión desbordada al deporte, primeramente dentro del básquetbol, el llamado deporte ráfaga, en el equipo Los Comerciales de los años 1935, 1936, 1937 y demás, para ya a principios de los años 50's, cuando la conformación de la primera Liga Municipal Amateur de Beisbol de Agua Prieta, por peloteros que sólo unos cuantos practicaban dicho deporte, entre ellos Pancho “El Viejo” Pedroza, Pancho y Gabriel Figueroa, don José Íñiguez, “El Amigo Cheno” Nepomuceno Zañudo y el profesor Hilarión Santos Sandoval, se puede decir que Benito fue nombrado por unanimidad presidente de dicha liga, ya que era de sobra conocido su positivo currículum e innegable amor al deporte, puesto en el que se desempeñó por no menos de diez años, teniendo siempre el tino e innegable criterio para ser reelecto en cada ocasión.
Por hoy “El Satánico” me puso la luz roja, dejándome sólo el pronunciar un ¡¡Oh Témpore, Oh Témpore...!
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Septiembre 9, 2011
El Cine Sonora y las bellotas de mis ninos
Prosiguiendo sobre la ola de viejos cuan hermosos recuerdos que por medio de esta columna especialmente les hacemos llegar a familiares, hijos, nietos y bisnietos, de quienes aparecen en la presente foto, quienes a bien tuvieron adoptar a su tiempo una vida ordenada, ya que si bien disfrutaron de su juventud, al cumplir cierta edad cambiaron sus hábitos, para después tal y como se dice poder predicar con el ejemplo, pero volviendo con el citado Cine Sonora, que tal parece quedó grabado en tinta indeleble en la mente de quienes conformábamos el Agua Prieta del ayer, voy a narrar lo que dio fin a la vida del mencionado cine.
Bien recuerdo que allá por el año de 1932, cuando se puede decir conformábamos una sola familia pues nuestra población no rebasaba los 3 mil habitantes, siendo por ello que abundaban los compadrazgos y las fiestas familiares, venían siendo algo muy hermoso, siendo un 16 de julio, mismo que mi adorada madrecita Carmen Durazo venía festejando año con año y porqué no aprovechar pa' pararme el cuello, ese día 16 de julio del año 1924, allá en la Colonia Morelos, nació una criatura de lo más hermosa que pudo haber, cuyo nombre no escribo por el hecho de ser en extremo vergonzoso y me pongo coyoyayo, coyoyayo.
Prosiguiendo con la fiesta que celebrábamos, de repente se escuchó una serie de disparos de arma de fuego, siendo por entonces la manera como se daban a conocer los siniestros y dado que a mis 8 años todavía no me componía y más residiendo a tres cuadras, me tocó mirar la “función” hasta el final.
Pero volviendo a que en el Cine, sus propietarios los Hermanos Azcona, en franca colaboración con los únicos planteles escolares de aquel entonces, Josefa Ortiz de Domínguez y Vicente Guerrero permitían la celebración de festivales artísticos y culturales, dada la situacioón económica de esos años, aclaro que no me consta, pero sí me tocó escuchar cuando un maestro tenía sueldo de 75 a 90 pesos mensuales, asimismo recuerdo que nuestros padres nos compraban unos señores cuadernos con un grueso de una o poco más de la pulgada, siendo en ellos donde plasmábamos todas las tareas y clases, por ello en la portada poníamos nuestro nombre y para detallar las materias escribíamos “Capirotada”.
Pasando pues a recordar a los entonces “morros” que ejecutaron el baile, iniciamos con un viejo cuan estimado amigo que se fue a residir a Sonoyta, Sonora, desde donde periódicamente me hacía llamadas telefónicas para enterarse de aquel lejano ayer y a la vez nos unían ciertos lazos familiares, Alfonso Jaime Hernández, a quien identificamos con el número 1 quien por aquellos primeros años de la década de los 30's, en compañía de sus señores padres, doña Guadalupe y don Alfonso, quienes más tarde vendrían siendo mis padrinos de confirmación, vivía en un caserón construido de dos pisos a base de adobe crudo por los chinos que en aquel entonces residían en nuestra ciudad, que se dejaba ver en la calle 3 y avenidas 5 y 6, donde hoy precisamente reside la respetable familia del Dr. Salvador Torres Verduzco.
Me acuerdo que en la planta alta era el sitio de reunión de todos los chavalos que por decir arribaban a la llamada “edad de la punzada”, entre ellos Leobardo Mange, Joaquín y su hermano Adalberto “Chapo” Núñez, Benito Laborín, Chalo Munguía, Edmundo “Brujo” Beltrán, “Chalito” Noriega, Archibaldo “El Pachi” Campbell, Luis Morales y muchos más que llenaría la página mencionarlos.
Asimismo recuerdo cuando en cierta ocasión no nos permitían acercarnos mucho a la casa donde hoy tiene su consultorio el odontólogo Alfonso “Poncho” Sahagún, por el hecho de que en la citada residencia vivía la familia Larrazolo Elías, donde un hijo de ellos, Guillermo había enfermado de un mal conocido como meningitis, del cual decían que en caso de sanar quedaría sordo, al que desde entonces conocimos como Guillermo “El Sordo” Larrazolo (+).
Tengo muy presente que cuando los padres de Alfonso, al igual que los míos, por ser nativos de Granados, Sonora venían conllevando vieja amistad, por ello decidieron convertirse en compadres de confirmación y a partir de entonces, yo desde niño ya dejaba entrever mis buenos sentimientos.
Cito tal por el hecho de que cada temporada de cosecha de bellotas, allá por julio más o menos, mi nina Guadalupe y mi nino don Alfonso, hacían viaje con estancia de 2 a 3 semanas por los rumbos de La Angostura o Esqueda para al regresar con varios costales bien cargados de bellotas, siendo por ahí donde desfilaban clientes de más a comprar tan sabroso fruto, lo curioso era que yo allá cada una o dos veces al año visitaba a mis padrinos, pero eso si, como vivíamos a menos de una cuadra de distancia, en mi casa luego luego se daban cuenta de su llegada, siendo cuando pa' más que pronto agarraban al entonces “Cherito”, lo bañaban y lo ponían bien guapo y al mismo tiempo que me entregaban un bote de los llamados Almu de contenido de casi 3 litros me decían: “Ándele, vaya de inmediato a saludar y ver como regresaron de la pizca de bellota sus ninos”, y claro ahí te voy y no bien los veía, en friega los abrazaba y besaba, para luego ellos, que claro ya sabían el juego, me pedían el bote, me lo llenaban hasta el gorro de bellotas, para no bien tenerlo amacizado el Cherito agarraba en chinga pa' mi casa donde a decir verdad no volvía a ver, menos a pelar, una bellota y lo mejor era ahí nos vemos en las próximas pizcas, tal como creo les decía a mis ninos.
Alfonso “El Viejo” Jaime fue allá por los años 1936-1939 un destacado basquetbolista con el equipo Comerciales, en compañía de Luis Morales, Benito Laborín, Cutberto Cruz, Eduardo Gracia, Alfredo Treviño, Oscar Larrazolo, Chito León, Miguel Lajam, Casimiro Cáiz y otros, asimismo trabajamos de 1942 a 1945 dentro del Servicio Postal Mexicano en la oficina de Correos, siendo a principios de los años 50's cuando en compañía de su estimada familia pasó a residir a Sonoyta, Sonora.
Por hoy “El Satánico” Omar me puso la luz roja al tiempo que me grita: ¡¡OH TÉEMPOREE!!
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Septiembre 2, 2011
Cuando "rifaba" el Cine Sonora en los años 30's
Caray, deveras quisiera que todos y cada uno de nuestros escasos lectores de esta columna plagada de casos y cosas del ayer siguiera aguantando vara leyendo con espíritu deportivo estos renglones plagados de inolvidables recuerdos, porque por hoy retrocedo a aquellos años de 1930-1932, como quien dice ayer, siendo yo un mocoso que frisaba entre los 6 y 8 años, lo que es fácil pensar por mera lógica que no serán pocos los que con toda razón del mundo dirán, no pensarán, el que aparte de que estoy bien loco todavía quiero apantallar con que soy poseedor de una memoria privilegiada, y vaya que en varias ocasiones al igual que la presente he aceptado el que tuve mucha escuela, ya que repetí año con año por cabeza dura precisamente, sólo que para despistar y claro hacerle al gracioso, digo que me estacionaba por el “cariño” que me tenían los maestros en turno, por decir el profesor Francisco Orozco, padre de quien fuera inolvidable amigo Salvador “El Chacal” Orozco, así como los profesores Francisco Romero Rábago, Abraham Gómez y otros mentores, quienes solamente los domingos en que no había clases, no me daban mis coscorrones.
Sea lo que sea pero gracias a Dios tengo vivos muchos recuerdos de aquellos años, por lo que amistades que en tal o cual forma han consultado con personas mayores de 80 años, han corroborado lo por mi escrito, lo que los ha orillado, por cierto de la manera más atenta y amable, a preguntarme si lo relatado en estas remembranzas es o fue copia de algún libro de historia sobre el acontecer de por aquellos tiempos en nuestra hoy más que centenaria ciudad, pero gracias a Dios en su momento muchos de los datos aquí dados a conocer los pude recabar de quienes fueron protagonistas o testigos de muchos de esos acontecimientos, entre ellos don Carlos Munguía Rodríguez, Manuel “Barbitas” Acuña, don José “Cory” Corella, Néstor Corella, Manuel Salmón, Leonel Benavides, Jesús Ortega, Humberto Valdez y otros respetables viejos residentes de esta frontera, la mayoría de lo cuales ya descansa bajo la sombra del Señor.
Hago saber que muchos de quienes en aquellos años residían en Agua Prieta y actualmente viven en compañía de sus hijos, nietos y demás familiares a kilómetros y kilómetros de distancia, aún siguen ligados a este su terruño, ya que sus familiares que aún radican en esta ciudad les envían los periódicos locales mediante los cuales se enteran del presente y se remontan al pasado por medio de esta columna, trayendo a su mente aquellos inolvidables ayeres de su ida juventud, lo cual me lleva a esculcar en el viejo arcón de los recuerdos donde guardo fotos en las que posaron muy estimadas y a la vez queridas personas, siendo éstas las que al verlas sus descendientes, a la vez de dejar escapar una lágrima furtiva en forma silenciosa y ahogada musitarán un Oh Témpore.
Así pues ya en terreno principiaré a la narrativa del contenido de la presente foto, la cual debe haber sido tomada allá por el año de 1930 o 1931, en el interior del que fuera el Cine Sonora, que se ubicaba en la calle 4 avenida 4, contra esquina del Cine Alhambra, siendo por entonces sus propietarios los hermanos Azcona a quienes para ser sincero no conocí.
El edificio estaba construido de material de ladrillo del usado por aquellos años, de 2 x 6 x 2 pulgadas, teniendo al frente 2 arcos, siendo el del costado oriente ocupado por un japonés al que se le llamada Karsay, quien atendía una nevería de su propiedad y no se me olvida que quien recogía los boletos en la puerta de entrada era una joven de nombre Narcisa Molina, quien venía siendo hija de un señor con grado de militar de aquellos años de la Revolución, al igual que don Adeodato Campbell con grado similar, quienes decidieron establecerse en Agua Prieta, por decir hasta los últimos años de su existencia, cuyos restos descansan en el panteón Jardines de Cristo Rey.
Por aquel entonces su domicilio se ubicaba en la esquina de la calle 3 avenida 7.
Por aquellos años las películas eran mudas o sea sin voz cuyo cobro de admisión por el momento no recuerdo, pero no se me olvida que Carlos Munguía Rodríguez (padre de Carlos y de “El Chapera”) y mi hermano Alberto Noriega Durazo, quien creo ya andaba sobre los 15, 16 o 17 años y por otro lado Rafael Munguía Rodríguez conocido como “El Lamo” pero en aquellos tiempos era para nosotros “El Picos” o “El Pinocho” y quien esto escribe, andábamos frisando los 5 o 6 años y Carlos y Alberto nos cargaban para donde quiera, quizás como chaperones o chipilones los cuales creo que cuando no se acabalaban para la entrada y dado que la señorita que recogía los boletos era residente del mismo barrio, en la calle 3 avenidas 6 y 7, los consecuentaba, porque tanto Carlos se pegaba a la cintura a Rafael y Alberto hacía lo mismo conmigo y se ponían a corta distancia de la puerta y de repente agarraban carrera cargando con nosotros y hasta la galería íbamos a dar.
Asimismo cuando ellos tenían para comprar los boletos, así lo hacían, y bien recuerdo uno de ellos subía con una piola enrollada en la cintura, cuya finalidad era ayudarnos a escalar la pared del cine, ya que por el lado oriente del edificio estaba un callejón de aproximadamente dos metros de ancho y aprovechando la oscuridad ahí nos metíamos Rafael y yo y aprovechando que por ese lado había varias ventanas por aquello de la ventilación, dado que por entonces ni mentar se escuchaba el aire acondicionado, ello facilitaba que nos aventaran la piola que nos amarrábamos a la cintura y subían a uno después del otro.
Por aquellos años las escuelas por carecer de fondos organizaban festivales a beneficio de tal o cual grupo para sufragar ciertos gastos y para ello se realizó en el mismo cine una función en la cual participaron varios jóvenes residentes del Agua Prieta del ayer, de quienes en la próxima edición daré a saber más detalles, siendo ellos los que aparecen en la presente foto:
Con el número 1 Alfonso Jaime Hernández. 2.- Conrado “Mulato” Samaniego. 3.- Benito Laborín Ayón. 4.- Miguel “El Tacuachi” López- 5.- Humberto “El Ciego” Valdez. 6.- Miguel “Bronco” Samaniego, y 7.- Joaquín Núñez Grijalva.
Por hoy se me acabó el espacio y sólo me resta pronunciar un ¡¡OH TÉMPORE, OH TÉMPORE…!!.
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Agosto 26, 2011
Los que conformaban la Policía aquí en los años 50's
Prosiguiendo con esta bonita historia, en el No. 13 posó otro ciudadano residente en el siempre heroico y glorioso Barrio Ferrocarril, don Agustín Maldonado, un hombre de paz o para mejor entendernos, de carácter abierto o sea hacen eco a aquello que reza: De a como me traten trato, accesible o duro, dependiendo de la manera como les abordemos, con quien siempre llevé sana amistad y vaya el que no recuerdo que se hayan escuchado acres comentarios en referencia a él, por decir de abuso de poder, portaba el arma de fuego en forma reglamentaria tal como se le veía por ser agente de seguridad, un padre que inculcó el deporte en sus hijos Agustín “El Pillín” y Alfonso “El Pachaba” Maldonado, este último fallecido hace algunos años y quien fuera fundador junto con otras personas, del Club Deportivo de los Veteranos.
Ahora pasamos a identificar a quien posó en el número 14 siendo claro que sin menospreciar a nadie, el estimado viejo Nicolás Echeverría, un hombre serio a carta cabal para uno y con todos. Cito tal por el hecho de que siendo él un agente del orden público, en una o varias ocasiones tocóme escuchar a ciertos o presuntos infractores, quienes exponían sus puntos de vista y razones que los llevaron a cometer alguna falta en forma imprudente y lo calificaban como una de las escasas personas que teniendo el poder en la mano, poseía el don y la paciencia de saber escuchar.
Bien recuerdo residía en calle 4 avenidas 6 y 7, siendo padre de 2 jóvenes deportistas que de preferencia practicaban el beisbol, Régulo, un chavo de complexión robusta y a la vez de carácter amable ya que por ser amante de la broma, siempre supo aguantarla, sólo que desde que llegamos a este mundo de lágrimas traemos fecha de cuando debemos hacer presencia ante el Supremo Creador, lo que a temprana edad cumplió. Pienso que ello mucho influyó para que su estimado padre don Nicolás emprendiera el mismo camino. Echeverría estaba casado con una de tres hermanas de apellido Tineo, de quienes recuerdo que por los años 30's sólo se dejaban escuchar halagos sobre su indiscutible belleza, siendo de Carolina de quien recuerdo su nombre y vaya que poseo una foto cuando allá por los años 1932-34, fuese electa reina del carnaval, ella venía siendo hermana de quien cuando la salud le sonreía, se desempeñó con éxito dentro del ramo comercial, por decir la tienda La Campesina, que se ubicaba en calle 3 avenida 9, donde actualmente se localiza la Editora El Sol, así como venta al mayoreo en Hermosillo, Nacozari, Cananea y otras poblaciones. Por hoy no recuerdo el nombre de los padres de ellas, sólo pienso que el fallecimiento de Nicolás mucho influyó para que su respetable esposa en compañía de su hijo Roy Echeverría emigraran hacia el vecino país del norte, estableciendo su residencia en Douglas, Arizona.
En el No. 15 vemos a Guillermo González, de quien por más vueltas y vueltas que le di a la memoria no logré ubicarlo, por lo que ruego se me perdone, por lo que pasamos al No. 16, donde identificamos a quien fuera nativo del siempre heroico y glorioso Barrio Ferrocarril, bien reconocido como indiscutible venero de jóvenes deportistas, siendo él Fernando Lira, quien desde temprana edad, 10 o 12 años, se inclinó por el deporte de la fistiana o sea el boxeo, participando en las llamadas “carambolas”, que viene siendo cuando para abrir boca a la función suben al ring a 5 chamacos vendados de los ojos a repartir mamusa a diestra y siniestra, siendo el triunfador quien recibe propina a manera de dinero que la afición le avienta sobre el cuadrilátero.
Así dio principio la carrera de Fernando, quien dado su extremo color serio de piel dieron en llamarle “El Negro” Lira, quien a esfuerzo propio subió los escalones del boxeo con combates a 4, 6, 8 y 10 rounds, las llamadas peleas estrellas, siendo entre ellas las más recordadas aquellas trepidantes de toma y daca que nos brindaba cuando combatía contra el entonces chofer de taxi, “Kid Nacozari”. “El Negro” se desempeñó dentro de la corporación de seguridad como policía de punto y como agente de tránsito por espacio de 30 años o más, al término de los cuales se retiró a disfrutar de su más que bien merecida y ganada jubilación, lastimosamente y por problemas de salud, en forma rápida cuan sorpresiva dejó de existir.
En el No. 17 identificamos a don Héctor Morán, tal y como le llamábamos por su recia figura, misma que de por si inspiraba respeto, pero ya tratándolo abiertamente era amable y siempre presto al abordaje y a decir verdad no obstante que existía entre nosotros apertura al diálogo, nunca tuvimos la ocasión de aprovechar. Don Héctor, quien hace algunos años falleció, era padre de Héctor y a quien se le conoce como “El Pollo”, de quien no recuerdo por hoy su nombre al igual que su otra hermana, asimismo de Eva, quienes hasta donde sé están al frente de un taller de carpintería, y aparte Héctor como integrante fundador del Club Veteranos.
De aquí me paso al número 19, en el que a simple vista identifico a quien fuera gran amigo, Guillermo “Indio” Othón, quien a la vez fue magnífico jugador de beisbol con el campeonísimo Club Comerciales, cubriendo la posición de las angustias tal y como le llaman a la tercera base y quien por largos años fungió como agente del Departamento de Tránsito.
Cuando jugaba con los Comerciales a todos los integrantes del equipo nos encantaba el chupe y claro él no iba a ser la excepción, por ello cierto domingo que nos pusimos como bobitos toda la flota, éste le pegó a la amanecida y creo algo “bueno” hizo que uno de sus fieles compañeros cuicos lo detuvo y vas pa'rriba, por entonces la cárcel se ubicaba en la calle 4 avenida 5 y al oriente de esta se dejaban ver una serie de las llamadas casas de renta, siendo ahí donde residía en compañía de su familia el celador “El Chino” Ibarra, siendo ello lo que ocasionó el problema que tanto perjudicó al Indio como al Chino, puesto que al bajarlo de la patrulla para meterlo al bote, el Indio al gritó de hay nos vemos, si quieren saber de mí búsquenme en el calendario, para pronto se soltó de la mano del policía y salió chicotiado a perderse, con tan mala suerte que en esos momentos el celador se dirigía a su trabajo a cubrir su turno de 7:00 a 15:00 horas, pero tal como sabemos las armas son muy provocativas, este al ver que el Indio iba corriendo en chinga, al estilo oeste desenfundó, apuntó y ¡¡puumm!!, le soltó un cuetazo que le impactó en el muslo, siendo hasta ahí cuando el Chino Rubén fue cesado como celador y el Indio, dado el haber quedado de ilegal o mejor dicho chueco de una pata, fue dado de baja como policía y ya no pudo jugar beisbol. Tiempo después me fue comunicada la muerte del Indio.
En el No. 20 se deja ver el señor Jesús Dávila, quien a decir verdad y claro con el debido disculpe usted, no recuerdo el haberle conocido y quien se desempeñó por corto tiempo con el grado de subalcaide. De cualquier manera vuelvo a repetir, recordar es volver a vivir, lo que nos invita a pronunciar un ¡¡OH TÉMPORE…!!.
Oh Témpore...
José "Chery" Noriega
Agosto 19, 2011
Los que conformaban la Policía aquí en los años 50's
Prosiguiendo en recordar aquellos años de nuestra preciosa juventud y en evocar acciones de quienes se desempeñaban como guardianes del orden público o tal y como se les llama, el cuerpo de policía y buen gobierno, se puede asegurar que nuestra población por aquellos años 50’s, es de dudarse rebasaría los 10 mil habitantes y que se entienda que me excedí un poco, por ello es fácil de entender que nuestros padres y quie-nes laboraban en esa tan incomprendida corporación lle-vaban una estrecha amistad, lo que en mucho nos beneficiaba a nosotros los entonces jóvenes.
Y vaya que años antes, por decir a fines de los 30’s y principios de los 40’s todavía era un chavalón que aún no me componía, por lo cual ciertos policías, la neta, al no tener de otra me daban tremenda carrilla, entre ellos uno al que mejor llamábamos con el remoquete de “El Cholo”, así como Antonio Lobato, y otros que alargar-ían la lista, quienes a pesar de que mi padre, Ignacio Noriega Calles, se venía desempeñando en el puesto de alcaide de la cárcel, le decían que para evitar me fuera a pasar algo malo me llevaban detenido bajo la custodia de él.
De cualquier manera no creo que en esa temprana edad, 14 o 15 años sea fácil el dominar lo que se puede llamar el principio de la “edad de la punzada” y más cuando por entonces en el llamado Cine Ramona que se ubicaba en la avenida 5 entre calles 5 y 6, los servicios sanitarios para las mujeres quedaban hacia el costado sur del edificio, por lo que aún sin querer queriendo la bola de léperos nos la ingeniábamos para en una u otra forma hacer pequeñas perforaciones a través de la pared de adobe, para por ahí darle vuelo a la pupila cuando todas y cada una de las bellezas entraban, siendo así como los “malosos” policías nos llevaban a cuartazos y bien agarraditos de la oreja a hacer la “meme” a un cuarto de la cárcel municipal.
Pero para comentar cosas menos tristes pasamos a identificar a quien posó en el número 11 y que viene siendo “El Chapito” Tomás Ramírez, un hombre a quien co-nocí allá por los años de 1937-1938, cuando mi padre le compró un pequeño comercio o tal como les llamábamos, un changarrito de abarrotes a un señor de nombre don Custodio Bustamante, negocio que se ubicaba en la calle 4 avenida 9 contra esquina de donde por muchos años estuvo el Hospital Integral (actualmente oficinas del DIF Municipal).
Bien recuerdo cuando Tomás, es fácil pensar ya siendo padre de familia, se dedicaba a la fabricación de dulces y golosinas que vendía en diferentes comercios y tiem-po después pasó a ocupar el puesto de alcaide en la cárcel municipal, época durante la cual llevábamos más que buenas relaciones hasta cierto tiempo que aún no sé por-qué dichas relaciones vinieron de más a menos, creo que desde que en compañía de Antonio Palomares y Víctor Lagarda, quienes editaban un semanario, me uní a ellos y claro no recuerdo bien, pero si creo que a mi estilo y luego sin maestros o sea asesorado por ellos, me aboqué a criticar nomás por el afán de chingar al “Chapito”, por lo que un día me dijo: “Aquí todo acabó, si tú así lo de-terminas, repartimos las gallinas y lo que quedó, quedó..”. Y vaya que así fue, puesto que a través de más de 30 años, se me figuraba que cuando Tomás me miraba, tal parecía que comenzaba a guacalear.
Y éste desde su arribo a esta ciudad, siempre estuvo re-sidiendo en el siempre heroico cuan glorioso Barrio del Ferrocarril, rodeado de sus “pirrurris”, “El Choco”, “El Pichelín” y “El Tomasín”, sin dejar por un lado a su yerno consentido, Luis “El Tarreas” Encinas, pero lo que es a mis huesitos, ni por equivocación me dirigía la palabra.
Pasamos a identificar a quien marcamos con el número 12, que venía siendo un oficial revolucionario con cargo de capitán más o menos en los años 20’s, don Pedro Ramos, quien por los años 30’s se desempeñó como co-mandante del Cuerpo de Policía.
A decir verdad no recuerdo el haber cruzado palabra al-guna con él, pero dado a que mi edad frisaría entre los 15 a los 17 años, un chavo aún según me lo hizo saber una chamaca de aquellos tiempos, con la que el capitán don Pedro andaba volado a pesar de la gran diferencia de edades, y por otro lado ésta coqueteaba con mis güe-sitos, ella misma me prevenía diciéndome de la forma tan despectiva como él me mencionaba: “Tempranillo pendejo, no va a entender que no debe acercarse a ti hasta que le pegue una santa educada”.
Para ello él residía en la calle 7 avenida 4 (donde ac-tual-mente está un salón de belleza), siendo años después que ingresé al Servicio Postal Mexicano con el puesto de cartero, me di cuenta que gerenteaba una cantina de la zona de tolerancia ubicada en la calle 6 avenida Ferrocarril y Azueta, en el Barrio del Ferrocarril, de razón social Montecarlo Cabaret, cuyo propietario lo era el señor Pablo Urías, siendo cuando se reubicó la citada zona le perdí de vista.
Por esta ocasión se me acabó el espacio, lo que no nos impide al momento de recordar esos bellos años, exha-lar profundo suspiro y dejar escapar un ¡Oh témpore, Oh Témpore…!!.
Director General: Lic. Omar Noriega Careaga
Edición Digital: José Guadalupe Montaño M.
